"PRENSA INDEPENDIENTE"

"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana Federal..."


- Síntesis de prensa EXTRA - 25 de mayo del 2002 -
Año 3 - Número 336

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" Las fiestas de mayo "

 

´25 de Mayo de 1810 – 2002

un nuevo Aniversario de la Revolución Patria´

 

´17 de mayo - Día de la Armada Argentina´

 

´29 de mayo - Día del Ejército Argentino´

 

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1 - ¨Clarín¨ - 25 de mayo del 2002

 

Editorial : "Actualidad de la gesta y los hombres de Mayo"

 

El sueño de los revolucionarios que hicieron el 25 de mayo de 1810 perdura en nuestro horizonte, y resulta especialmente orientador en estos momentos cruciales.

 

Ayer, como hoy, se hallaban en juego los intereses de nuestra comunidad y se enfrentaba una fuerte crisis de legitimidad. Se debatía, como se debate hoy, la formulación de la estrategia económica más favorable para nuestro desarrollo; y se conformaba entonces un nuevo actor político, el pueblo comprometido, el cual reclamaba derechos para tomar el destino colectivo en sus manos.

 

Es difícil mirar este doloroso presente con el prisma lúcido y con la entrega absoluta de quienes comenzaron a gestar el país. La actual situación parece más bien el resultado del olvido de los logros históricos y de la pérdida de los grandes objetivos formulados por nuestros próceres.

 

Sin duda que hoy se registra un contexto internacional negativo para los intereses argentinos, como a los pocos años de la Revolución de Mayo se conformó una alianza entre las monarquías europeas para restablecer el control sobre todas las poblaciones que iniciaron epopeyas independentistas. En aquellos años el patriotismo naciente unió todas las voluntades, concentró los esfuerzos en lo más urgente, y a través de la capacidad y valentía de hombres como Manuel Belgrano y José de San Martín se vencieron a los intentos de restablecimiento de la dependencia colonial.

 

Sin embargo, también desde la gesta de Mayo se manifestaron oposiciones que provocaron luchas internas, que postergaron la organización constitucional del país, que causaron baños de sangre y que consumieron importantes energías y recursos económicos. Saavedristas contra morenistas, federales versus unitarios, rosistas y antirrosistas, Buenos Aires en discordia con el interior, y así se sucedió una larga historia de intereses parciales que entraban en pugna. El costo de estas disputas es bien conocido, pero parece objeto de olvido cuando en el presente no se conforman verdaderos consensos para poner al país en marcha.

 

Este 25 de mayo, entonces, interpela a todos los argentinos acerca del significado actual del patriotismo. La Revolución, fecha fundante de nuestra historia, nos habla del compromiso, de la defensa de los intereses generales de nuestra sociedad, y de la entrega por el porvenir de la comunidad. De ese inicio se pueden hallar caminos para dar con las respuestas que hoy parecen estar oscurecidas, y también se encuentran los ejemplos de conducta, de integridad y de lucidez que en nuestro presente de crisis también escasean.

 

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2 - La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 25 de Mayo del 2002

 

 

"La Iglesia y el 25 de Mayo"

 

Los obispos tienen algo que decir y lo van a decir. Lo hacen cada año para esta fecha y, ahora, no será la excepción. Nada se callarán porque pretenden movilizar el ser nacional desde su raigambre más profunda.

 

Sentir patriótico que, según dicen, está latente en los argentinos y debe renacer desde las reservas morales del pueblo, para la refundación de la Nación sobre cinco principios auténticos: austeridad, equidad, ley, justicia y trabajo.

 

"Hacen falta patriotas, que piensen en la patria y en la República, que piensen en grande. Nadie puede sustraerse a no comprometerse por el país, quien se margina traiciona a la patria", sentenció monseñor Ramón Staffolani (Río Cuarto-Córdoba).

 

Un sentido de patria que, a entender de los prelados, hoy aparece diezmado por la pobreza y la desocupación, prioriza lo coyuntural a lo esencial, y hasta es corroído en sus cimientos por una dirigencia muy cuestionada.

 

Los hombres de la Iglesia consideran que el 25 de Mayo es la fiesta ideal para hacerlo y lo harán, pese a que el presidente haya querido congraciarse mediante una carta al Papa Juan Pablo II para encolumnarse en la lucha contra el aborto.

 

El purpurado porteño apelará, como es habitual, a palabras-fuerza y neologismos para criticar las ambigüedades de los poderosos, lanzando lúcidos análisis sobre la dramática situación social.

 

Sin dejar de ser linealmente esperanzador y confiando en las raíces morales del pueblo para revertir un proceso que, de no mediar la inteligencia, podría desembocar en la disolución o en una violencia anárquica de imprevisibles consecuencias.

 

No menos drástico será monseñor Héctor Aguer (La Plata), quien delante del gobernador bonaerense de turno suele descargar una andanada de denuncias. Basta recordar que el año pasado se permitió calificar como mera gimnasia electoral a la actual institucionalización democrática.

 

"La república está secuestrada por las dirigencias partidarias o por los intereses que las sostienen y dominan, contrarios a las prioridades de la Nación", observó Aguer.

 

Nadie se guardará algo y, en idéntica medida, asumirán - como les gusta decir - "la voz de los que no tienen voz" frente a las autoridades públicas que, hoy como ayer, están obligadas a escuchar al pueblo.

 

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3 - ¨Clarín¨ - 25 de mayo del 2002

 

"Critica De La Iglesia"

La Iglesia alertó sobre el peligro de disolución nacional

 

El cardenal Bergoglio, durante el Tedéum por el 25 de mayo, criticó a la clase dirigente al sostener que pretende mantener sus "privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancias mal habidas". Pidió "hacer cumplir la ley".

 

El arzobispo de Buenos Aires, efectuó hoy un dramático llamado a los argentinos para reconstruir la República mediante el cumplimiento de la ley dado que, según advirtió, el país está "a las puertas de la disolución nacional", y le apuntó con inusual dureza a quienes, en lugar de representar a la gente, pretenden mantener sus "privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancias mal habidas".

 

Exhortó, asimismo, a abrir los ojos porque "una sorda guerra se está librando en nuestras calles, la peor de todas, la de los enemigos que conviven y no se ven entre sí, pues sus intereses se entrecruzan manejados por sórdidas organizaciones delincuenciales y sólo Dios sabe qué más, aprovechando el desamparo social, la decadencia de la autoridad, el vacío legal y la impunidad".

 

El purpurado porteño instó - delante del presidente Eduardo Duhalde y numerosos funcionarios - a "hacer cumplir la ley", y a "rescatar del fondo del alma el trabajo y la solidaridad generosa, la lucha igualitaria y la conquista social y la creatividad".

 

"Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de veinte millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada", sentenció.

 

El arzobispo de Buenos Aires también criticó a los "intereses golondrinas del mundo que llegan, extraen y parten", a quienes practican "calculadoras intransigencias en nombre de coherencias que no son tales", y a aquellos que "narcotizan las conciencias" con el pretexto de "justificar y demandar más sacrificios escudándose en la repetida frase: 'No queda otra salida'".

 

Aunque sin nombrarlos, también se refirió a la "incapacidad de sentir culpa" de los funcionarios "ambiciosos escaladores, que tras sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico, por lo demás tan fácilmente intercambiable, disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente humanidad".

 

Además, consideró necesario reconocer "entre los propios y los opuestos, quienes intercambian papeles en un escenario de avaricia casi autoritaria, a veces con disfraces legítimos".

 

En otro momento de su homilía, el cardenal Bergoglio afirmó que "hoy como nunca" el peligro de la "disolución nacional está a nuestras puertas", por lo que pidió a los argentinos que "no retornemos a la soberbia de la división centenaria entre los intereses centralistas, que viven de la especulación monetaria y financiera, y la necesidad imperiosa de promoción de un interior condenado a la 'curiosidad turística'".

 

Y que tampoco se dejen empujar por "la soberbia del internismo faccioso, el más cruel de los deportes nacionales", en el cual "la regla de oro consiste en destruir implacablemente hasta lo mejor de las propuestas y logros de los oponentes".

 

El Arzobispo recomendó luego "no seguir revolcándose en el triste espectáculo de quienes ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancias mal habidas, mientras perdemos nuestras oportunidades históricas, y nos encerramos en un callejón sin salida".

 

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4 - La Prensa - 25 de Mayo del 2002

 

"La patria del simulacro"

 

Hoy celebramos el Día de la Patria con dirigentes que han instalado la política del "como si", del simulacro. Lejos está el espíritu de aquellos hombres de Mayo de 1810.

 

Han pasado 192 años de aquel otro 25 de mayo, cuando los argentinos exigieron a sus gobernantes explicaciones sobre sus actos. Aquel día el pueblo quiso saber de qué se trataba. Fue un reclamo popular y fue también un símbolo para una República que daba sus primeros pasos hacia una libertad definitiva. Comenzaba entonces un camino que sería arduo y repleto de dificultades.

 

La Argentina ha dejado atrás, en su historia, casi dos siglos de azarosa vida y hoy vuelve a enfrentar el mismo dilema: el pueblo quiere saber de qué se trata. Pero algo ha cambiado, en esta nueva democracia se ha instalado el "como si", es decir, la técnica del simulacro. Todo en materia política es una gran ficción.

 

Nuestra propia experiencia como país desordenó el impulso de Mayo que se había construido desde la pasión, la honestidad y el sentido patriótico de los responsables de erigir una nueva Nación. Ese desorden fue mutando aquellas virtudes para traer estos aires de confusión en los que se ha llegado a planificar en Diputados, por ejemplo, una estrategia para hacer que los que pierdan en realidad sean los ganadores. Y los medios muestran a la ciudadanía a legisladores quejosos por la derrota pero simulando, porque en realidad había logrado el objetivo.

 

Lo dicho, todo es "como si". Como si estuvieran de acuerdo en catorce puntos pero no lo están; como si quisieran cumplir urgentemente con los organismos internacionales pero en realidad dilatan las soluciones; como si quisieran ayudar al Presidente pero buscan su desgaste hablando de elecciones anticipadas; como si fuera una amenaza el Presidente dice que está harto y que se va, pero en realidad se queda.

 

Política virtual. Todo parece de una forma pero en realidad es lo contrario. Un estilo dirigencial muy particular basado en una gran contradicción que no hace más que confundir al ciudadano que aún espera de sus hombres públicos un resto de aquel espíritu de Mayo; aunque, hay que decirlo, cada día que pasa le quedan menos esperanzas.

 

Algo se ha roto en nuestra sociedad, los valores éticos han trocado en intereses mezquinos y una especie de "cinismo patriótico" ha dado lugar a estratagemas políticas que son disimuladas a los ojos de los ciudadanos, pero que tienen una doble intencionalidad, no necesariamente maligna, aunque opaca y engañosa.

 

Hoy es un día para la reflexión, pero no desde el discurso fácil y la escarapela por un día. Hoy debemos meditar desde los errores cometidos, desde la legitimidad de los poderes democráticos. Hoy es un día ideal para poner en orden esos Poderes y terminar con un Ejecutivo que dicta leyes, un Legislativo que hace justicia y un Judicial que se dedica a la política.

 

Hoy, 25 de Mayo, debe alejarse el "como si" y la política virtual para empezar a construir la Patria necesaria, sin dobles mensajes; y recordando que la Nación se los demandará con las nada virtuales páginas de la Historia.

 

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5 - La Voz del Interior – 25 de mayo del 2002

 

 

"Un desafío para los argentinos"

 

La Argentina del Centenario (1910) suscitaba el asombro y la admiración del mundo. Séptimo país en el concierto internacional por su riqueza material y humana, ante él se desplegaba un esplendente horizonte de progreso sin límite. Éramos el Granero, la Canasta de Pan de la Humanidad, la Tierra de Promisión. La Argentina de estos días suscita el asombro y la congoja del mundo. El país está en caída libre por la inconcebible quiebra de una de las economías más pródigas en riquezas naturales de todo el planeta. Los pueblos muy poco esperan de lo que alguna vez fue el Granero, la Canasta de Pan de la Humanidad; si algo esperan de esta República es que pague sus siderales deudas injustificables. La Tierra de Promisión es hoy tierra de emigración de lo mejor de sus hijos. El tiempo de Adviento dejó paso a días de desolación y desesperanza.

 

El grito fundacional de aquella Argentina del asombro y la admiración del mundo fue pronunciado frente al Cabildo de Buenos Aires en los días augurales de mayo: "¡El pueblo quiere saber de qué se trata!". Era un reclamo de participación en la forja de su destino. A casi dos siglos de distancia, otro es el grito que resuena en urnas ominosamente vacías. Un grito de deserción y decepción. De la Argentina de la participación del pueblo con su sangre y sus sueños se pasó a esta Argentina de hoy, donde el discurso de la crisis de participación se hermana con el discurso de la crisis de representatividad.

 

Los hombres de Mayo de 1810 asumieron por derecho de patriotismo y de generosidad de espíritu una representatividad popular que nada ni nadie pudo cuestionarles entonces y que el paso de los años convalida sin cesar. ¿Dónde están, en estos días grises, los que debieran haber recogido el testimonio en la marcha sin pausa del tiempo? Si alguna vez lo tuvieron, lo dejaron caer en el fango por mezquindad de espíritu, por frivolidad, por fuga sin retorno de una realidad que les levanta una acusación ilevantable.

 

En este 25 de mayo de 2002 (aquel Mayo de 1810 bien merece su mayúscula), nada hay para celebrar. De aquel grito de libertad, sólo queda ahora el lamento plañidero de quienes peregrinan a Washington en busca de la benevolencia de organismos financieros que imponen o vetan líneas de acción, como si fueran funcionarios de una metrópoli imperial. Porque llegamos a estos días infaustos tras haber padecido el último de los agravios que puede inferirse a un Estado soberano: el desfalco de su riqueza monetaria. Hemos perdido hasta el respeto. Ya ni el protocolo impide a mandatarios de otros países aconsejar –eufemismo de presionar– a nuestro Presidente para que acepte las imposiciones de la tecnoburocracia.

 

No vivimos días de celebración, es verdad, pero si nos queda sentido y orgullo de nacionalidad (no de patrioterismo de retórica vana en las conmemoraciones rutinarias) debemos transformarlos en días fundacionales de un nuevo país. Un país que debe ser la exacta prolongación en el tiempo del troquelado por un pueblo que quiso saber de qué se trataba cuando se trataba de su destino. Por cierto que nuestra historia alberga algunos capítulos que narran iniciativas fundacionales o refundacionales impregnadas de soberbia y de mesianismo grotescos, la más absurda de ellas a cargo de la última dictadura militar que, para variar, se desvaneció en un escándalo de sobreprecios. Todas ellas se hermanaron en el fracaso, condenadas por improvisadas o declamatorias.

 

Si estos días de desesperanza plantean algún desafío a las actuales generaciones no es, por cierto, el de sobreponerse simplemente a la decepción o el de resignarse al lamento por el rumbo perdido. El reto de la historia nacional consiste, precisamente, en retomar su sentido. El de revivir la memoria para sentir el sano orgullo de que pertenecemos a ese pueblo protagonista de la hazaña de libertad que fue la construcción, casi milagrosa, de la Argentina de 1910, asombro y admiración del mundo. Éramos entonces un pueblo joven. Seguimos siéndolo, pero algo nos diferencia: hemos perdido la inocencia.

 

Vivimos tiempos duros, quizá porque por primera vez en una centuria vivimos inmersos en la realidad. Ya no hay ilusión retórica que nos mantenga alejados de ella. La Argentina del ensueño ha quedado atrás, porque la perdimos. En rigor de verdad, la malbaratamos, no sólo porque malvendimos lo más precioso del patrimonio que heredamos, sino porque perdimos –quizá porque renunciamos a ella o porque nos la expropiaron–, hasta la potestad de soñar.

 

De lo que se trata ahora es de demostrarnos, y demostrar ante la historia, que somos dignos del sueño de aquellos hombres que en una lluviosa mañana avizoraron un país que engendraría una nación que sería la tierra de promisión para los hombres de buena voluntad del mundo entero que quisieran habitar su bendito suelo.

 

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