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"Argentinos... ´a las cosas... ¡pero bien hechas!´"
por Vicente Palumbo y Guillermo R. Delamer
El mañana es hoy. Hoy, fue consecuencia del ayer
. Nada, o al menos pocas cosas, son producto de la casualidad. Entonces, ¿cuáles serían las causas que se fueron gestando "ayer", que pudieron haber dado motivo a los hechos por los que hoy estamos atravesando los argentinos?.
Para contestar a esta pregunta, se hace necesario llevar a cabo un correcto diagnóstico
de nuestra idiosincrasia como sociedad organizada y de las acciones u omisiones en que incurrió nuestra dirigencia en los últimos años. Su respuesta podría ayudarnos a evitar que, eventualmente, siguiéramos cometiendo los mismos errores de manera recurrente.
Reconozcamos, en primer lugar
, que los argentinos poseemos una rara atracción por la "pasión" que imprimimos en todos nuestros actos, desde la forma en que conducimos irracionalmente los vehículos en la vía pública, a la lógica (¿?) que aplicamos en la resolución de los problemas que se nos presentan.
Nuestra racionalidad es bien compleja
, por cierto, al punto tal que no sólo "engañamos" a los demás sino que terminamos haciéndolo, inclusive, hasta con nosotros mismos. La verdad nos molesta, nos agravia, no nos gusta conocerla; la "técnica del avestruz", de esconderse de la realidad, parecería ser la que más encaja en nuestra manera de proceder.
Admitamos, igualmente
, que por muchos años hemos sido propensos a pensar en términos "mágicos". Siempre nos gustó soñar que nuestros problemas serían solucionados, de un día para el otro, con la aparición de algún "salvador de la patria". También fuimos, muchas veces, simplistas en las soluciones; un casi "todo o nada", sin alternativas, es esto o el infierno. La flexibilidad en las posturas, para adaptarnos rápida y decididamente a las nuevas y cambiantes situaciones nacionales e internacionales brilló, en general, por su ausencia.
El trabajo en equipo tampoco fue nuestro fuerte
. El conocido escritor Norteamericano Herman Kahn se refería a nosotros, hace ya varios años, en los siguientes términos: " Mi primera observación es que los Argentinos adolecen de la capacidad de cooperar entre sí que poseen los habitantes de las naciones desarrolladas. Todas las grandes naciones han demostrado habilidad y capacidad para que sus hombres trabajen los unos con los otros en grandes organizaciones. Este comportamiento es uno de los elementos de los que la Argentina carece. Hay entre los Argentinos una gran hostilidad personal y enormes celos profesionales". Lo que estamos presenciando en estos días avala su observación.
Tampoco hemos reparado en las equivocaciones cometidas
sucesivamente a lo largo de muchas décadas, ni tomado en cuenta cuales fueron las consecuencias de nuestros actos en las diferentes coyunturas por las que hemos atravesado a lo largo de nuestra historia. No hemos logrado aprender de nuestros errores. Así, las herencias que recibimos, cada vez más pesadas.
No cabe duda que la clase dirigente ha sido la responsable de muchas de nuestras frustraciones
a lo largo del siglo pasado, pues en lugar de reforzar lo sistémico obró, de hecho, en desmedro del sistema republicano de gobierno. Alentó, e incluso exaltó, los personalismos de figuras "mesiánicas", a las que se les otorgaba el poder en demasía y sin control, para obrar a su gusto e ideología. Y esto ocurrió tanto con gobiernos democráticos como dictatoriales. Claro, que luego muchos se "rasgaban las vestiduras" por las consecuencias de sus desaciertos y la excusa fue siempre buscar algún "chivo expiatorio".
Las experiencias del pasado nos hacen ver que para solucionar los problemas de las coyunturas, la mayoría de las veces se echó mano a soluciones cortoplacistas para atenuar la crisis del momento, sin reparar en las consecuencias o efectos que estas soluciones "mágicas" traerían en el largo plazo y que, a la postre, serían tan o más graves que las causales que les daban origen.
De igual manera, tampoco hemos tomado en cuenta los marcos o esquemas de poder vigentes a nivel mundial, que inevitablemente establecen ciertas "reglas de juego" con las que las naciones de cada región y del mundo conviven y que, si son ignoradas, influyen decididamente a favor o en contra de la solución del problema.
Así, llegamos al gobierno electo que acaba de dejar el poder, donde además de las fallas de conducción y administración del Estado, tampoco alcanzó a comprender cómo es que funcionan las relaciones de poder a nivel internacional.
Y ello fue así, entre otras razones, porque siguió anclada a conceptos ideológicos totalmente superados; porque fue "principista" al no reconocer que las naciones (todas) siguen (y seguirán) rigiéndose por sus intereses nacionales, muy a pesar de los utópicos idealistas; porque no entendió que nada se nos daría a cambio de algo, ya sea esto en "especies" o por favores diplomáticos.
No llegamos a este estado de cosas por casualidad y nadie, que no seamos nosotros mismos, garantiza nuestro porvenir.
Como en el campo de lo personal, los países son los únicos dueños y artífices de su futuro. En ese tránsito, cada nación desarrolla instrumentos que le sumen poder de negociación entre las restantes, eligiendo el campo en el que desean desenvolverse. Pero, para que ello ocurra, se debe razonar racionalmente y de manera realista, acerca de nuestras verdaderas capacidades y limitaciones y como le conviene al país, insertarse dentro de los esquemas de poder del resto de las naciones civilizadas.
Países como Japón o Alemania, después de la destrucción sufrida a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial se insertaron entre sus pares, logrando su respeto y estableciendo una relación preferencial con los países centrales. Utilizaron diferentes mecanismos para "sumar poder a sus arcas" en un momento de extrema debilidad. Comenzaron por lo simple. Primero entendieron el problema; comprendieron de quienes les convenía ser aliados y amigos. Buscaron quienes podían aportarles la ayuda que necesitaban para levantarse nuevamente, tomando distancia de aquellos que nada tenían para ofrecerles. Luego, instrumentaron las herramientas necesarias para su desarrollo.
Aprendamos nosotros también, en esta hora crítica, a hacer lo propio de manera inteligente. Entendamos el problema (dilema) al que nos enfrentamos y no sigamos viendo el mundo con una visión surrealista; como verdaderamente "no es".
Es cierto que también tenemos virtudes y muchas, que Dios mediante nos ayudarán para salir de la crisis, pero no es el momento de exaltarlas.
Hoy, solo debemos mirar al gran desafío que tenemos ante nosotros, que es el de construir el futuro, refundar la república que, entre otros aspectos, significa:
Definir nuestros objetivos nacionales.
Elegir con que país o países nos vamos a aliar
. Esto significa un camino de doble vía; o sea alguien que nos pueda ayudar en esta encrucijada, pero que a la vez nosotros le aportemos nuestro apoyo cuando lo necesite.
Restablecer la confianza en el sistema democrático
con la aparición de nuevos líderes y dirigentes. Igualmente, el sentido de autoridad (legítima) y de un orden y respeto cívico.
Restañar el tejido social herido.
Mejorar la educación,
desprendiéndola de ideologismos y facilismos.
Restituir la seguridad física y jurídica que se merecen los ciudadanos de bien.
Llevar a cabo un reingeniería total del Estado
, para que cumpla con su cometido de manera eficiente.
Remozar la dirigencia para que actúe con una nueva cultura
, donde prime: la sensatez, seriedad, prudencia, patriotismo, generosidad, altruismo, inteligencia e idoneidad sobre los temas que le toca administrar; ¡No más improvisados!
Y, finalmente, trabajo, trabajo, trabajo...
¡Tamaño desafío!
Los argentinos no podemos seguir perdiendo más tiempo. El mundo real, mientras tanto, no se detiene ni nos espera.www.centrotocqueville.com.ar