"PRENSA INDEPENDIENTE"

"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana Federal..."


- Síntesis de prensa - 17 de febrero del 2002 -
Año 3 - Número 314

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Indice de la fecha

 

1 - Las cosas por su nombre I - "La noche del 19 de diciembre", por el Juez Ricardo M. Rojas.

 

2 - Cartas de lectores: ¿Justicia?.

 

3 - Las cosas por su nombre II: "De fugas y furgones fantasmales", por Héctor Trillo.

 

4 - Las cosas por su nombre III - "El espíritu de la montaña", por Julio Videla Sánchez.

 

5 - "¿Qué es hoy la Argentina?", recuperar la cordura, por Juan Carlos Casas.

 

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1 - Las cosas por su nombre I

Certero análisis del Juez y Autor Ricardo M. Rojas sobre el fin de un "Modelo".

 

"La noche del 19 de diciembre"

por Ricardo M. Rojas

 

La noche del 19 de diciembre tal vez sea recordada como un punto de inflexión en la historia argentina. Esa noche el entonces presidente Fernando De la Rúa anunció la declaración del estado de sitio, como consecuencia de actos de violencia producidos en varios puntos del país en protesta por las medidas económicas dispuestas por el gobierno.

 

Apenas terminó de pronunciarse el discurso, comenzaron a escucharse en todas partes las primeras reacciones de la gente. En los balcones, en las puertas de las casas, en las veredas, niños, ancianos, hombres y mujeres comenzaron una anónima manifestación de descontento. Fundamentalmente se usaron cacerolas, que en medio de esa noche tensa sonaron como una combinación de protesta y celebración. Protesta por sentirse desbordados por tanto abuso; celebración, porque se generó un sentimiento casi mágico de que esa noche se acababa todo; que el tañir de las cacerolas daría el golpe final a un gobierno que se caía solo por obra de su propia ineptitud.

 

Esa gente ya había dado una advertencia meses antes, cuando en las elecciones legislativas, y pese a que el voto es obligatorio, la mitad del electorado o bien no fue a votar, o votó en blanco o anuló su voto. Tampoco eso había sido suficiente en su momento para producir un cambio.

 

Muchas veces en el pasado se produjeron manifestaciones "populares", casi siempre tumultuosas. Incluso al día siguiente, el 20 de diciembre, la concentración de personas desencadenó en hechos de violencia que culminaron con la renuncia del presidente. Pero esa noche del 19, como pocas veces se ha visto, la pacífica protesta de miles de individuos que espontáneamente salieron a las calles, expresó lo que tal vez sea un símbolo de lo hace falta para que las cosas cambien realmente.

 

Las manifestaciones populares en Argentina tienen en general muy poco de espontáneo y son organizadas por partidos políticos, sindicatos, grupos de activistas, oportunistas, criminales, y todo aquel que pueda sacar algún rédito del caos y la violencia que generalmente se producen. Todo ello mezclado, por supuesto, con personas que asisten de buena fe y que terminan viéndose envueltas en hechos de violencia, saqueos o refriegas con la policía.

 

Pero el 19 de diciembre no hubo banderas de partidos políticos, activistas, ni gremialistas. La gente portaba cacerolas y alguna bandera argentina o improvisados carteles con frases escritas a mano tales como: "No queremos más políticos" o "queremos que se vayan". Incluso cuando aparecieron algunos oportunistas con insignias de minúsculos partidos políticos, la gente se apartó de ellos como de un perro sarnoso. Esa gente - que a diferencia de otras manifestaciones orquestadas tenía la autoridad moral suficiente como para derrocar a un gobierno - no salió a las calles solamente a pedir la renuncia del Ministro Cavallo o del Presidente De la Rúa. Su pacífica pero inquietante protesta fue mucho más allá.

 

Esa gente salió a las calles a manifestar contra un modelo de país, y no contra un modelo económico, contra una estructura de poder que ha succionado la sangre, las fuerzas y la creatividad de millones de ciudadanos laboriosos y emprendedores durante décadas enteras. Un modelo perverso formado por grupos que dialécticamente han sostenido estar enfrentados, pero que en definitiva se sirven y necesitan recíprocamente para dar la imagen de conflicto de poderes, de lucha de clases, de alternancia, y todas esas expresiones que se utilizan para evadir el hecho de que juntas constituyen la más brutal dictadura.

 

Un grueso de la gente que salió con sus cacerolas y banderas argentinas a las calles apenas terminado el patético discurso del presidente en la noche del 19 de diciembre, implícita o explícitamente manifestaron su repudio a los siguientes grupos:

 

a) Los políticos, sean del partido que sean, invoquen la ideología que invoquen, que a la luz de las normas constitucionales y legales que organizan la actividad política en argentina, detentan un oligopolio del poder, del que usan y abusan prácticamente sin control, en beneficio personal, sin responder jamás por las consecuencias de sus actos.

 

La metodología de los políticos ha teñido con sus malas artes a varias instituciones y sectores que están bajo su directa influencia, contagiando los mismos vicios y haciéndolas sirvientes de sus propios intereses.

 

Así, las universidades se convirtieron en usinas de jóvenes sin escrúpulos, sin capacidad ni interés en el estudio, que invocan constantemente la defensa de la educación pública gratuita, como modo de proteger su propia permanencia en un ámbito al que concurren para iniciarse en esa carrera que los convertirá con el tiempo en políticos y les permitirá gozar de todos los privilegios que admiran en sus mentores. Comenzarán entonces como activistas en los centros de estudiantes, molestando a los auténticos estudiosos y capaces, impidiendo el normal desenvolvimiento de las clases, cortando avenidas y calles – algunos de los que blandían sus cacerolas la noche del 19 se habrán acordado de ellos -, y hasta amedrentando profesores, en fin, obligando a todos a nivelarse hacia abajo. Esa "carrera" política continuará luego en los comités, como asesores de legisladores, en los distintos estamentos de los Ministerios, etc. Ellos se prepararán así para ser los "políticos del mañana".

 

La política contaminó también el ámbito que debiera estar impoluto, pues constituye el valuarte para la protección de los ciudadanos precisamente frente a los atropellos del gobierno: el Poder Judicial.

 

La política ejercida del modo en que lo ha venido siendo, también anuló a aquellos órganos de control y protección frente a los nuevos monopolios creados en los 90’, principalmente los órganos de seguimiento y control de empresas privatizadas, que jamás han seguido ni controlado a nadie, y en realidad sirvieron para consumar el gran negocio que significó ese proceso espurio de sustituir monopolios estatales por monopolios privados.

 

Las organizaciones intermedias también se vieron influidas por esta forma de ejercer el poder político: desde dirigentes de clubes deportivos hasta fundaciones de bien público, periodistas, artistas, la Iglesia Católica, etc. Muchas personas, en todos los ámbitos, han sido seducidas por este imán de poder, que en nombre de la representatividad del pueblo ha concentrado riqueza y privilegios sin medida ni pudor.

 

b) Los sindicalistas, cuya invocación del interés por los trabajadores no la creen ni ellos mismos. Hombres que en muchos casos no pueden justificar un pasado laboral, ni tienen la prudencia de ocultar la riqueza y el bienestar obtenidos a través del poder que les confiere su condición de jefes de organizaciones a las cuales la ley les ha dado la facultad de coaccionar a los trabajadores para que los mantengan, quitándoles una parte de sus magros salarios.

 

Estos hombres han exteriorizado habitualmente su poder generando huelgas que tienen mucho más de presión brutal que de reclamo laboral, huelgas que generalmente han puesto a trabajadores contra trabajadores, cuidando su propia esfera de poder, en lugar de los intereses de aquellos a quienes dicen representar.

 

Nunca demostraron respeto por los derechos o propiedades, siempre han aplaudido la violencia ejercida "en nombre del pueblo trabajador", aunque se la ejerciera contra personas que también son trabajadoras.

 

Esos hombres, en los días previos a la caída del gobierno, justificaron la violencia, los saqueos, la destrucción de propiedad privada de personas tal vez más trabajadoras y más pobres que los activistas enviados a generar tanto horror.

 

c) Muchos de los llamados "empresarios" –al menos una buena parte de ellos-, han desvirtuado la noción misma de "empresario", que define a una persona que emprende una tarea sobre la base de su propio talento y corriendo los riesgos de su acción.

 

Pero los grandes "empresarios" argentinos han mantenido históricamente dos posiciones: o bien reclamaron privilegios, monopolios, restricciones al comercio y el cierre de las fronteras, con la excusa declarada de proteger la "industria nacional" y la no declarada de enriquecerse sin correr riesgos; o bien adoptaron una supuesta visión "capitalista" y anti-estatista, reclamando la "apertura" económica y la privatización de empresas estatales, con la excusa declarada de generar mayor eficiencia, y la no declarada de apoderarse de monopolios privilegiados y, nuevamente, enriquecerse sin correr riesgos.

 

Estas personas han clamado durante años por "seguridad jurídica", lo que en su idioma significa "ganancias aseguradas por la ley".

 

d) Los llamados "defensores de los derechos humanos", que con un interés más político que filosófico justifican desmanes, saqueos, e incluso algunos de ellos se han alegrado públicamente por los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, lamentándose de que las víctimas no fuesen más.

 

A esas personas evidentemente no les interesan los derechos individuales, sino tan sólo sus propios intereses políticos, y su poder de convocatoria y convencimiento es tan pequeño, que necesitan infiltrarse en cualquier manifestación organizada por otros grupos para intentar demostrar que son "populares".

 

Sin embargo, han estado siempre en la primera línea de fuego cuando se trató de destruir propiedad privada y entorpecer el ejercicio de los derechos.

 

e) Todos estos grupos, a la par que han utilizado el poder como juguete para su propio divertimento y se han enriquecido personalmente, destruyeron la capacidad creadora de los ciudadanos comunes, y sometieron a millones de personas a la marginalidad, el embrutecimiento, la pobreza y la ignorancia.

 

Esos millones de personas sin futuro, sin instrucción, sin aspiraciones, sumidas en la frustración, la violencia, la miseria y la droga, fueron convertidos en una suerte de comodín, utilizado alternativamente por políticos, sindicalistas y activistas, para generar actos de violencia que buscaron cada uno de ellos capitalizar en sus negociaciones.

 

Lo único que se les enseñó a esos millones de marginales es que "la necesidad da derechos" y en nombre de esta premisa profundamente inmoral se les dijo que cualquier acto de violencia o pillaje estaba justificado por esa condición de marginales a la cual llegaron en buena medida por culpa de los propios gobernantes.

 

Por supuesto que en esas manifestaciones y actos de violencia, siempre se colaron auténticos criminales que, ya sea pagados por alguien, o como cuenta-propistas del crimen, se filtraron en el río revuelto para obtener sus ganancias.

 

La gente que hacía sentir sus cacerolazos como latigazos en la noche del 19 de diciembre, manifestó de alguna manera que ya no se la puede seguir engañando.

 

Que en Argentina, desde hace décadas, no existe un enfrentamiento entre militares y demócratas, radicales y peronistas, sindicalistas y empresarios, socialistas y conservadores, nacionalistas y liberales, ricos y pobres. Que más allá de la retórica y dialéctica de los supuestos enfrentamientos diarios, políticos, sindicalistas, empresarios, activistas, juegan un juego perverso en el que todos ellos ganan, y pierden los que quedan afuera.

 

Un juego tan perverso que durante décadas ha arrastrado a personas que ansiaban prosperar y crecer, como es normal, y que vieron como única forma de alcanzar sus objetivos pasarse a las filas de alguno de estos grupos, incrementando el número de los parásitos y disminuyendo el de las víctimas, hasta un punto en el cual la comida ya no alcanza para todos.

 

El 20 de diciembre finalmente el Presidente De la Rúa renunció en medio de la violencia. Nuevamente miles de personas alentadas por la marginalidad, por los políticos, por los sindicalistas y activistas saquearon ciudades, destruyeron negocios y provocaron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que dejaron un saldo sangriento.

 

Esta violencia injustificada, esta criminalidad apañada ensombreció la pacífica y corajuda demostración de civismo de la noche anterior. Y aquellos que habían hecho sentir sus cacerolazos y cantaron el himno nacional en las puertas de la residencia presidencial una noche antes, volvieron a ser víctimas de la violencia en su contra. Los comerciantes se quedaron impotentes en las puertas de sus negocios viendo cómo "en nombre de los derechos del pueblo y de la necesidad" destruían alacenas, heladeras, marquesinas, y se llevaban todo tipo de mercaderías. Los cadetes y repositores de supermercados se armaron con palos y cadenas para defender la propiedad de quienes les pagaban sus pequeños pero dignos salarios. Los dueños de casas humildes corrieron a buscar armas, dispuestos a defender sus propiedades a los tiros. Todo volvió a la "normalidad".

 

Para todas estas personas, lo que vivían no era un dato anecdótico - como lo fue seguramente para muchos periodistas que en el vergonzoso pacto de complicidad que han mantenido durante años prefirieron explicar demagógicamente la escena como la del "pueblo protestando contra el plan económico" - sino que estaba en juego toda una vida de trabajo, que probablemente ya no podrán recuperar.

 

Muchas de esas personas lo perdieron todo, e incluso el gobierno probablemente les ofrecerá una mínima reparación económica por los daños sufridos, que se las quitará a ellos mismos a través de los impuestos, pues aunque sea evidente, es bueno recordar que los gobiernos no producen un centavo, sino que utilizan dinero previamente quitado a las personas por la fuerza; y como los impuestos los pagan quienes producen, serán las víctimas las que tengan que auto-indemnizarse.

 

Pero más allá de ese final absurdo, la noche del 19 de diciembre mostró de una manera emocionante cómo quedó la Argentina de cara al futuro.

 

No se trata de cambiar un presidente, un ministro de economía o un "modelo económico". Ya no podrán venir los peronistas a decir que la culpa era de los radicales, ni los sindicalistas a echarle la culpa a los empresarios, ni los empresarios a los activistas de izquierda, ni los activistas a los banqueros. La culpa es de todos ellos.

 

A partir del 19 de diciembre, mucha gente comenzó a entender la naturaleza cabal del enfrentamiento que existe en Argentina; y al mismo tiempo, comenzó a tranquilizarse, al advertir que la sensación de impotencia, esa especie de predestinación al fracaso que inexorablemente los golpea cada tanto, no es producto de una maldición, la mala suerte o el misticismo, sino que tiene una explicación muy concreta y racional: existen dos argentinas enfrentadas, aquella de los privilegios, de los grupos corporativos que buscan ventajas y pelean por espacios de poder, y la de los ciudadanos productivos, auténticos empresarios que crecen gracias a su esfuerzo, comerciantes, profesionales, empleados y obreros que cumplen responsablemente su trabajo; en definitiva, toda aquella gente que en los últimos años ha soñado con la emigración como única alternativa potable, sabiendo que en otros países su talento y laboriosidad es recompensada, mientras que en Argentina es el alimento de los saqueadores.

 

La noche del 19 de diciembre se mostraron fugazmente los miles de personas que jamás son escuchadas. El futuro del país depende en buena medida de que toda esa gente habitualmente silenciosa y sufrida haga valer los auténticos "derechos" y deje de entregar su sangre a los parásitos.

 

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2 - Cartas de lectores

 

¿Justicia?

 

Sr. Director:

 

Esta democracia que supimos conseguir nos sigue sorprendiendo... por el absurdo.

 

Así, vemos como un congreso corrupto, desprestigiado, incompetente, sale a cazar a la Corte Suprema, casi tan corrupta y desprestigiada como el legislativo. ¿Con qué autoridad moral? ¿Quién los juzga a ellos?.

 

También somos testigos de como hoy se está deteniendo a policías por los hechos de diciembre último, en tanto los vándalos, los "infiltrados", los saqueadores y otros delincuentes, protagonistas también de lo ocurrido, no son molestados. ¿Ya no somos todos iguales ante la ley?.

 

La sensación general es que se juzga a los que representan el orden, en tanto los paladines del desorden siguen generándolo a piaccere.

 

¿Realmente creerá nuestra inepta clase política que la ciudadanía no se percata de todo esto?

 

¿Realmente creerán que sin orden establecido renaceremos como Nación?.

 

Atentamente,

 

Horacio P. Zaratiegui

D.N.I. 13.232.552

Juan José Paso 276, 12º "I" - (B1640FAF) Martínez, Buenos Aires

[email protected]

 

 

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3 - Las cosas por su nombre II

 

"De fugas y furgones fantasmales"

por Héctor Trillo

 

El presidente Duhalde , al ser preguntado del por qué, si había prometido devolver los depósitos en "la moneda de origen" terminó haciendo otra cosa, respondió que se encontraron con que los dólares habían fugado.

 

Es bastante común que ciertos "periodistas" y mucha gente no se cansen de hablar de "fuga" de dólares. Incluso se montó un espectáculo bastante triste de allanamientos a entidades por aquello de los 358 camiones de caudales que salieron hacia Ezeiza; todo dentro de lo que podríamos llamar el pintoresquismo criollo, pero cuando lo repite el presidente ya la cosa cambia. Y cambia porque se trata de una gruesa falsedad que termina haciendo no creíble al presidente.

 

Veamos rápidamente esta cuestión de los dólares fugados:

 

Cuando De la Rúa asumió en 1999 había en el Central algo más de 34.000 millones de dólares de reservas, por los cuales se habían emitido en principio pesos al cambio uno a uno siguiendo la pauta de la convertibilidad.

 

Al asumir Cavallo y desplazar a Pedro Pou del Central para poner a Maccarone - con la anuencia de la izquierda naif, algunos legisladores y "periodistas" ad hoc, más el ex gobernador Ruckauf para que Pou no "saque" del sistema al quebrado Banco Provincia - el ex ministro empezó a desviar reservas para atender obligaciones corrientes del Estado.

 

Lo hizo "provisoriamente", desde ya. Pero lo hizo. Esta situación provocó el pánico entre los depositantes de pesos y de dólares en el sistema bancario. Empresas y particulares empezaron a sacar sus depósitos y a comprar dólares para llevarlos fuera del país, meterlos en el colchón o en cajas de seguridad.

 

Todo ese dinero salió de las reservas, justamente. Pero ese dinero era de la gente y de las empresas, que estuviera en dólares en el Central era la contrapartida de los pesos emitidos en poder del público. Nadie sacó, en estos términos, algo que no fuera de él ni que no pudiera sacar.

 

Así, las reservas bajaron a 14.000 millones, según informó el nuevo ministro Remes.

 

Ahora bien, los depósitos en el sistema bancario eran, más o menos, 60.000 millones entre pesos y dólares al momento del corralito. Ese dinero había sido prestado a empresas, a particulares en créditos hipotecarios y al Estado en forma de títulos de deuda externa.

 

Lo que el gobierno duhaldista ha resuelto no devolver o "pesificar" es esto último, es decir, los depósitos, que nada tienen que ver con las reservas. ¿Se entiende?

 

Más o menos 5.000 millones estaban en poder del Central como "encaje bancario", pero el resto estaba prestado. Es decir que los 60.000 millones nunca se fugaron, sino que estaban prestados.

 

Es decir que si todo el mundo hubiera ido a sacar la plata al mismo tiempo, nunca hubiera podido. Esto es una obviedad. ¿Por qué Duhalde dice entonces eso de que "se fugaron"?

 

La razón por la cual hay más depósitos que reservas se debe al hecho de que cuando una persona deposita, digamos, 1000 pesos, el banco presta 800 (deja el encaje), pero esos 800 alguien los deposita a su vez, y son vueltos a prestar, digamos, 600. Esto es matemático y no ideológico ni nada por el estilo.

 

La actitud del gobierno de "pesificar" y devaluar constituye como muchas veces he dicho una estafa de proporciones, dado que deberían devolverse los dólares o su equivalente en pesos al cambio del día. Y si por razones bancarias no pueden devolverse todos juntos, deberían devolverse en plazos.

 

¿Es posible que esto no lo entienda el presidente? ¿Sus asesores no están en condiciones de hacerle entender?. Cuesta creer esto, realmente.

 

Tanto la pesificación como la devaluación apuntaron a quitar a la gente parte de su dinero, porque era necesario para sostener la "licuación" de las deudas hipotecarias y empresarias. El mismo Duhalde ha justificado esta "licuación" con el argumento de que hasta ahora los bancos cobraban mucho interés.

 

El otro elemento es la deuda del Estado, hoy en default. Si pensamos que de los 60,000 millones que menciono, la mitad se convirtieron en deuda pública, es evidente que los bancos han quedado en una posición insostenible: al Estado no pueden cobrarle y a los demás se le pesifican las deudas uno a uno.

 

Es decir recibieron todos los depósitos uno a uno, prestaron una mitad al Estado - que no pueden cobrar - y la otra mitad a los particulares y empresas, que cobrarán uno a uno por la pesificación. ¿Cómo pueden devolver los dólares a la cotización libre, que es el doble?. Este es todo el misterio. Nada del otro mundo. Simple matemática.

 

A raíz de escribir sobre estas cosas, he recibido incontables críticas e insultos varios. Pero lo que no recibí ni recibo es la explicación de dónde está el error en lo que acá digo. Es que el error no existe. Esto es así. Y siendo esto así, queda por ver entonces cuánta plata ganaron y por qué los bancos, cuando las tasas eran "carísimas".

 

Aparte de decir que la mitad del sistema bancario es del Estado y también cobra tasas altísimas (y sigue haciéndolo: la tasa activa del Banco Nación en Dólares es hoy de 17,80% TEA), la razón de ser de estas tasas no es el "favoritismo" ni la "alianza con el sector financiero", sino la realidad de un Estado que pagó tasas exorbitantes para que le sigan prestando, más la incertidumbre de un sistema que se derrumbaba por el default, más la incobrabilidad de empresas y particulares.

 

Acá hubo una época, hacia el 97 o 98, en que las tasas en dólares para hipotecas estaban por debajo del 8% anual. Es decir, acá hubo momentos en los que el sistema funcionaba razonablemente bien, pese a la fijación del tipo de cambio. Pero esto es otro capítulo.

 

La verdad es que las grandes o medianas empresas, particularmente, no necesitan endeudarse en la Argentina si la tasa es cara, bien podrían hacerlo en el Uruguay o en Chile, por decir países cercanos. Pero estos países no prestaban a la Argentina a bajas tasas, ¿por qué?, porque tenían miedo, de lo que sobrevendría.

 

Esta es la verdad, un peso uno a uno con el dólar no existía ni en Uruguay. Nunca existió. Seamos realistas de una buena vez, de lo contrario seguiremos buscando el ogro culpable de nuestros males donde no está, porque no existe.

 

Héctor Trillo

 

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4 - Las cosas por su nombre III

 

"El espíritu de la montaña"

por Julio Videla Sánchez

 

Cuentan que durante las primeras décadas del siglo veinte, en algunos círculos exclusivos de Europa para destacar el poder económico de ciertas personas se decía: "es más rico que un argentino".

 

Luego sobrevinieron muchos años de desconocimiento de nuestra existencia, fue cuando nos quejábamos de que asociaran Argentina con Río de Janeiro, aunque siempre hubo personas ilustradas de diversos países que conocían detalles del nuestro, desconocidos por nosotros mismos.

 

Y en los últimos años podríamos decir que la mayor parte de los habitantes del planeta siguió ignorando hasta la ubicación geográfica de nuestro territorio, pero fue conociendo detalles del accionar de muchos de nuestros compatriotas que no siempre fueron positivos.

 

Hoy no podemos quejarnos, hemos sido tapa de los diarios más importantes del mundo durante varios días, un privilegio al que no estábamos acostumbrados. Lástima que el motivo haya sido alertar a sus lectores, para que nunca imiten a los extraños habitantes de ese país tan extraordinariamente dotado por la naturaleza, llamado Argentina.

 

En estos momentos, cuando todos debiéramos estar pensando de qué manera ayudar al país, algunos dirigentes se estarán preguntando si todavía pueden seguir con la eterna excusa de "la herencia recibida", y algunos medios aprovechan para reducir la lista de responsables a los que a ellos ideológicamente les conviene.

 

Y mientras, en medio del caos ya están anunciando la posibilidad de no iniciar las clases; es posible que en instituciones educativas de países serios hayan comenzado a estudiar qué es lo que nos sucedió y quizás lleguen antes que nosotros a la conclusión de que parte de nuestro problema fue haber tenido demasiado. Durante generaciones fuimos formados como los hijos de algunas familias ricas, que equivocadamente crecieron convencidos de que sin ningún esfuerzo iban a mantener y disfrutar su riqueza.

 

Ante la crisis actual, pareciera que todos estamos de acuerdo en que se deben producir cambios, pero lo malo es que los distintos sectores difieren respecto a qué se debe cambiar e incluso muchos aspiran al cambio de los demás y no al propio.

 

Creo que coincidiríamos con el lector en una larga lista de aspectos que debieran ser distintos, pero sólo emplearé los próximos renglones en refrescar la memoria sobre un tema crucial, sobre el cual no siempre es clara la información que recibimos.

 

Gobernantes de distintas épocas, en el ámbito nacional, provincial y municipal; descubrieron que una buena forma de mantenerse en el poder, era utilizando dinero del Estado para hacer favores políticos y crear puestos innecesarios cubriéndolos con quienes pasarían a ser sus incondicionales.

 

Pero como la riqueza no fue empleada en generar más riqueza la fuimos perdiendo; y al superar los egresos a los ingresos, en lugar de haber aplicado en forma temprana, el que luego sería el tan denostado déficit cero, primero se cubrieron los gastos superfluos con el dinero de los jubilados y préstamos y luego el ingenio argentino fabricó billetes en forma ilimitada, comenzando con la inflación a pagar entre todos los argentinos la fiesta del derroche.

 

La inflación empobreció a la mayoría, pero algunos con ella se enriquecieron e incluso mantuvo activos y "prestigiados" a algunos dirigentes, que se ocupaban de que los trabajadores recuperaran mensualmente una pequeña parte del poder adquisitivo del salario que habían perdido el mes anterior; quizás sea por eso que en tiempos posteriores, hubo quienes llegaron a extrañar ese flagelo.

 

Cuando la inflación se hizo terrorífica, apareció algo que sólo era una herramienta seria y eficaz, la convertibilidad, la cual debió haber sido acompañada por otras medidas para conformar un plan económico.

 

Entre esas otras medidas, una imprescindible era eliminar el déficit, porque al no poder emitir moneda indiscriminadamente ¿con qué se pagaría el gasto superfluo? Era como si a un enfermo grave le indican una medicación que puede curarlo, pero le aclaran que si no la acompaña con un régimen adecuado puede provocarle la muerte.

 

Al principio comenzamos a crecer en forma vertiginosa, porque muchos creyeron que la herramienta de la convertibilidad vendría lógicamente acompañada de las otras medidas necesarias. Pero no somos un país lógico y como disminuir gastos era políticamente inconveniente, al no poder emitir se pidieron préstamos enormes para cubrirlos.

 

Al ver el destino del dinero proveniente de los préstamos, los acreedores temieron no cobrar sus créditos y aplicaron intereses altísimos; los ahorristas sospecharon que el Estado podría apoderarse de sus depósitos y corrieron a retirarlos mientras pudieron.

 

A partir de allí estamos viviendo el derrumbe, fruto de la falta de grandeza de gran parte de nuestra dirigencia y de la desconfianza que inspiraron fuera y dentro de nuestro país; mientras algunos, increíblemente, festejan el no pago de la deuda y el fin de la convertibilidad, causantes según ellos de nuestros problemas.

 

Recuerdo en mis épocas juveniles, cuando frecuentaba la cordillera en Mendoza, que al brindar por algún acontecimiento importante los montañeses repetían un lema muy particular: decían a coro "¡siempre arriba!", el significado de estas palabras es mucho más amplio del que aparenta.

 

Implica la voluntad férrea de quienes al encontrarse en un ambiente tan inhóspito, saben que en muchas oportunidades su vida y las de los que los rodean dependerán:

 

- de su tenacidad y sano juicio,

- de la solidaridad imprescindible,

- de esforzarse,

- de avanzar en cada instante con paso seguro,

- de no improvisar,

- de no retroceder,

- de levantarse después de la caída y seguir subiendo,

- de trabajar en equipo teniendo como meta la cumbre.

 

Quizás a los argentinos nos esté haciendo falta llenarnos del espíritu de la montaña y comenzar de una vez por todas a trepar hacia la cumbre.

 

Julio Videla Sánchez

[email protected]

 

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5 - ´La Prensa´- 16 febrero del 2002

 

Partes principales de:

 

El Gobierno y los habitantes deben recuperar la cordura

 

"¿Qué es hoy la Argentina?"

por Juan Carlos Casas

 

En su último discurso, el presidente Eduardo Duhalde comentó que antes de concluir su corto período de gobierno querría que la Argentina fuera un país normal. ¿Pero, qué es un país normal? ¿Y un país normal para quién?

 

...Existen aspectos de la vida argentina en los que su desempeño es francamente negativo. Uno es el de la seguridad. Ha trascendido que agencias turísticas extranjeras desalientan a sus clientes a venir a nuestro país y cruceros oceánicos han variado su rumbo para ignorar a puertos argentinos. La falta de seguridad decide a muchos inmigrantes a dejar la Argentina....

 

...En este punto de la seguridad, la policía está justamente desorientada ante la ambivalencia de las autoridades de las que dependen. Se le exige eficacia pero si en las frecuentes refriegas con delincuentes se producen muchas víctimas entre éstos, los medios acusan a los policías de gatillo fácil y tras enfrentamientos de naturaleza política, se les llama represores y, como ocurre con el ex jefe de la policía federal, fue despedido por represor y, el colmo, está procesado y detenido por las muertes ocurridas en los hechos del 19 de diciembre. Es de prever que la policía actuará con mano blanda en estos hechos en el futuro, o mirará para otro lado...

 

...Si continúan los desmanes que se registran a diario en distintos puntos de la República, que pueden pronto derivar si la policía y otras fuerzas de seguridad no ponen coto a estos excesos, difícil ahora con la detención del ex jefe de la Policía Federal, bien pueden comenzar a formarse bandas armadas, según denuncian algunos que ya estaría ocurriendo en el conurbano bonaerense, que chocarían entre sí dando lugar a la temida guerra civil que algunos, como el presidente Duhalde, auguran...

 

Ello constituiría un refugio ideal para la formación y entrenamiento de terroristas internacionales...

 

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