"PRENSA INDEPENDIENTE"

"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana Federal..."


- Síntesis de prensa - 20 de enero del 2002 -
Año 3 - Número 307

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Indice de la fecha

* "Nuestra opinión en la hora".

* "El mundo mira a la Argentina con asombro", por Manuel Mora y Araujo.

* ¨Comienza a peligrar ya también la democracia¨.

* Editorial: "Camaleones".

* Cartas de lectores: "La desfachatez".

* Editorial: "El mismo rumbo".

* "Una sociedad harta", por Joaquín Morales Solá.

* Editorial: "Sin margen para dudas e improvisaciones"

 

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"Nuestra opinión en la hora"

Deberían terminar los tiempos de bronca y cacerolazo, es la hora de la racionalidad, de asumir ineludibles sacrificios para merecer un futuro. O no habremos aprendido nada y seguiremos cayendo en la anarquía estéril.

Hemos recibido decenas de mails repetidos en largas cadenas – en su mayoría de ignotos y hasta sospechosos promotores originales – incitando a cacerolazos, imitaciones patéticas de los llamados ´escraches´ de los activistas de izquierda, contra cualquiera, cazas de brujas contra empresas y bancos - buscando transferir a ellos las evidentes culpas de las dirigencias políticas y sindicales -, más denuncias en muchas casos no fundadas; todo ello en un clima de justificado furor y en una especie de terapia colectiva.

La justeza de ese furor no implica que quedemos prisioneros del mismo y así impedidos de haceres constructivos. No repetimos esos mensajes porque creemos que debemos unir y no dividirnos más, ya nos basta con soportar diariamente a los violentos y oportunistas agitadores de la izquierda revolucionaria; deberíamos quizás tomar nota de la ejemplar reacción de la sociedad de los EE.UU ante los criminales atentados del 11 de septiembre, con todos sus ciudadanos unidos tras banderas comunes.

Prensa Independiente

 

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Política argentina – Opiniones

Partes principales de: "El mundo mira a la Argentina con asombro"

por Manuel Mora y Araujo, para La Nación - 20 de enero del 2002

El mundo entero empujó a la Argentina a la devaluación, y la obtuvo. El resultado es un desastre financiero y económico, al que se suma ahora el temor de que la Argentina termine abriendo una vía hacia la desglobalización en una medida impensable hasta hace poco tiempo.

Si la poco convencional convertibilidad fracasó y si el más convencional ajuste por tipo de cambio tampoco funciona, ¿qué le queda por ensayar a este país sin rumbo? La posibilidad de que la opción termine siendo cerrar la economía y retrotraer la historia a más de una década atrás despierta inquietudes en todas partes.

Lo que no pudieron hacer a escala mundial la protesta contra el libre comercio, las continuas proclamas y manifestaciones antiglobales y las múltiples "ong" que libran esa causa planetariamente, tal vez lo pueda la tenaz resistencia argentina a bajar su gasto público.

Una sociedad que puede llegar a producir uno de los más grandes defaults de la historia del mundo, que puede convivir durante años con casi una quinta parte de su población desocupada, que puede sostenerse con una recesión de casi un lustro y puede permitirse agregar a eso la aniquilación de la cadena de pagos, que cree poder darse el lujo de destruir su sistema financiero, que puede confiscar en una medida casi salvaje los ahorros y depósitos de sus habitantes, pero no puede reducir el número excesivo de sus empleados públicos ni sus remuneraciones desproporcionadas, es vista por el mundo como un caso para la historia.

La pregunta es ¿cómo sigue esto?

El primer dato es que la Argentina tiene un gobierno y el gobierno dispone de suficiente poder para administrar la crisis. Como todo gobierno, se entiende que el del presidente Duhalde puede o no tener una visión de largo plazo. Se entiende también que es imposible administrar una crisis como ésta sin tomar algunas decisiones que no pueden satisfacer a todos, sin convertir a algunos en ganadores y a otros en perdedores.

Más allá de eso, la incertidumbre sobre la Argentina es muy grande. Ante el agravamiento de la crisis durante los meses pasados, la Argentina tenía tres caminos por delante:

- devaluar y a la vez practicar fuertes restricciones presupuestarias (lo esperado por los organismos internacionales),

- devaluar sin ajustar (lo deseado por muchos políticos y sindicalistas argentinos),

- no devaluar y producir el ajuste (lo que demandaba la mayor parte de la población).

Descartada ahora esta última posibilidad, quedan abiertas las dos primeras. Los intereses que condicionan las respuestas posibles por parte del Gobierno son múltiples y fuertemente encontrados entre sí.

La gran pregunta es si la Argentina está finalmente dispuesta o no a acompañar la devaluación con una restricción presupuestaria de magnitud suficiente para poner al sistema en un nuevo equilibrio. Si no lo hace, la fuerza de los hechos la forzarán a cerrar la economía.

Por lo tanto, el futuro cercano se representa en dos escenarios: el de una economía cerrada o el de una economía que busca seguir abierta. El gobierno declara reiteradamente que esta última es su opción, y el FMI expresa su predisposición a colaborar.

Pero las intenciones pueden terminar siendo superadas por los hechos. No es un dilema entre satisfacer a los buenos o a los malos; las expectativas en juego son más complejas y los actores más numerosos.

Es sabido que tanto la Iglesia como la mayoría de la dirigencia política piensan que la paz social no puede asegurarse sin acordar con los sindicatos, y aunque la sociedad no considera legítimos los intereses de éstos puede consentir una alianza en aras de tal fin. Están, además, las demandas de la clase media, cuya confianza ha sido destruida, parte de la cual no se siente representada por nadie,. Están las empresas, muchas de ellas con gravísimos problemas y detrás de ellas siguen los millones de personas empleadas que corren la suerte de sus empleadores. Y están, además, los inversores extranjeros, cuyos gobiernos no se desentienden de su destino en la Argentina.

La Argentina ha destruido la confianza de todos esos actores y corre el riesgo ahora de terminar por destruir el sistema mismo.

¿Cuál será la reacción de la población si se produce, por la vía de los hechos, el temido cierre de la economía? Hasta donde sabemos, los más educados y los más jóvenes huyen de esa perspectiva. Los menos educados tal vez esperan más de la idea de una economía cerrada que puede protegerlos de la competencia exacerbada, pero su moral y su confianza están también afectadas ahora por la experiencia del corralito y la confiscación de sus ahorros, generalmente magros y tal vez por eso más valiosos. De los sectores más pobres de la población sabemos que toleran todo hasta que la inflación castiga sus bolsillos.

En última instancia, ni el modelo "cerrado" ni el "abierto" podrán legitimarse a sí mismos si no producen crecimiento de la economía, y es difícil imaginar cómo podrá esto ocurrir sin un sistema financiero sólido y confiable.

En cualquier caso, muchos problemas quedarán pendientes. Los más profundos escapan a lo que pueda hacer un gobierno; son problemas de la sociedad argentina. De todos ellos el que se presenta como el más preocupante, y tal vez en definitiva la madre de todos los demás problemas que padecemos, es la debilidad del tejido comunitario de nuestra sociedad, la Argentina carece ante todo de capital social.

De ello hay indicadores para todos los gustos: el desempleo tolerado pasivamente, la pobreza que afecta a gran parte del cuerpo social vista como problema ajeno por parte de quienes no la sufren, la ausencia generalizada de respeto a la ley, la falta de compromiso fiscal de los ciudadanos, la facilidad con que se pierde la noción de los derechos de propiedad, la propensión sempiterna a la formación de coaliciones corporativistas.

Tal vez la sociedad salga de esta crisis con una conciencia renovada. Es un cambio de cultura; ni los gobiernos ni la dirigencia política pueden generarlo - aunque sí pueden obstaculizar su advenimiento -. Esto es lo que parecen implicar los ciudadanos comunes cuando, en las investigaciones, dicen creer que de esta crisis sólo se sale si cada uno de los argentinos ponemos nuestro grano de arena en el esfuerzo.

 

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Política argentina – Opiniones

Ambitoweb - 18 de enero del 2002.

¨Comienza a peligrar ya también la democracia¨

. Jueces Oyarbide y Servini de Cubría innecesariamente allanaron dos sedes bancarias en horas de la madrugada. También por la tarde, incluyendo bancos extranjeros de importancia, lo cual agravó la imagen exterior del país.

. "Urso con polleras", se oyó decir sobre jueza Servini en relación con el magistrado que deformó la "asociación ilícita" y fue reprendido por la Corte por buscar propio lucimiento.

. Otra gente atiborró ayer los bancos al correr la versión de que el gobierno allanaría las cajas de seguridad de las entidades financieras. No es posible que suceda. Se estarían violando la propiedad privada y la Constitución nacional. Nunca sucedió algo así en la historia argentina.

. No es posible usurpar cajas de seguridad ni inmiscuirse en sus contenidos, salvo orden judicial individual y en base a hechos delictivos o investigados como si lo fueran.

. El poco serio accionar de los jueces Servini de Cubría y Oyarbide provocó este tipo de histeria. No hay delito de ningún tipo en haber cobrado pesos o dólares, haberlos llevado al hogar, a una caja o al exterior. Ninguna ley lo prohibía y sólo podría ser reprimible por la Justicia en el caso de evasión impositiva, pero tendría que denunciarlo la DGI.

. El insólito Oyarbide pidió la lista de dueños de cajas en un banco que allanó. Busca una, pero introdujo miedo en todos. La gente ve además bancos asaltados por terroristas urbanos y, es obvio, teme por los contenidos de sus cajas.

. Con la histeria de ayer del público, con el retorno de los temidos allanamientos nocturnos desde el Estado y con el autoritarismo que emana inevitable desde un gobierno que estatizó y monopolizó todas las decisiones, públicas y privadas, se nota pérdida de libertades y mengua también la democracia de la Argentina. Se teme que aumentará la sensación en la medida en que se agudicen los problemas y cuando deberán volverse más autoritarios los funcionarios.

. El todo dirigismo y estatismo comienza la "caza de brujas" siempre. Desde la prensa de izquierda se incita al gobierno a reaccionar contra casas de cambio y bancos a quienes se pretende acusar de todos los males y de las subas.

. Si entra a peligrar la democracia faltará información de prensa objetiva. Entre licuarles o no pasivos, pagarles o no deudas pendientes, permitirles o no importar papel, mover las "cajas" a favor de uno u otro periodista, la prensa argentina carcomida hoy por convocatorias y deudas ya cede y cederá más. No es bueno esto para la libertad.

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Política argentina – Opiniones

La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 19 de Enero de 2002

Editorial: "Camaleones"

Ciertos comportamientos de las últimas semanas no dan tregua, en cuanto a dejar estupefacta a la opinión pública.

Horas atrás, en Tucumán, se ha realizado un cacerolazo contra el "corralito" bancario, pero eso no es sorpresa, sino, más bien, algo que ha pasado a formar parte del paisaje de cualquier ciudad del país.

Lo distintivo y sorprendente del episodio de la capital tucumana es que la manifestación no fue una reacción espontánea de vecinos irritados por los males que, día tras día, se precipitan sobre sus espaldas, sino que respondió a una convocatoria de los denominados partidos mayoritarios: peronismo, radicalismo y Frente Grande.

Posiblemente sea un caso aislado y la tentación no pase de ahí, porque, de lo contrario, se estaría poniendo, definitivamente, lo poco que queda en pie, también patas para arriba.

No vaya a ser cosa que, dentro de la confusión y anarquía imperante, ahora, la clase dirigente política trate de tomar una nueva ventaja y se las ingenie para ir, paulatinamente, mimetizándose, como camaleones, entre aquellos genuinamente descontentos, para acabar poniéndose al frente del reclamo por las penurias que ella misma se ha encargado de producir.

Si hay algo que caracteriza a los dirigentes argentinos es la audacia y caradurismo, por no decir impudicia, con que pretenden lavar sus errores e improcedencias, como quien se lava la cara al empezar una nueva jornada.

Pero a los ciudadanos de nuestro país, se les ha terminado, además de la esperanza, la paciencia y la inocencia.

Mal haría entonces la gente si, al momento de echar culpas por el estado terminal en que se encuentra la Nación, extravía el objetivo.

Sin dudas, debe haber muchos implicados y responsables de distinto grado para que las cosas estén como están, pero sería imperdonable que la partidocracia, indiscutiblemente, la culpable directa de la crisis que vive la República, se dé el gusto de opacar el lente de la mira, para correrse de la boca del caño a la culata y pasar de ser blanco a ejecutor.

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Política argentina – Opiniones

Cartas de lectores

"La desfachatez"

Señor Director:

La insolencia de los legisladores de las listas sábanas, que tienen la desfachatez de culpar al Proceso de Reorganización Nacional de la actual quiebra económica del Estado, luego de 18 años de gobiernos civiles, colma toda desvergüenza.

El domingo 20 de enero, por el canal de TV. privado CVN y en una mesa redonda, el diputado peronista Díaz Bancalari, tuvo la caradurés de salir a la palestra culpando al "modelo" ideado por Martínez de Hoz como la única causa de todas nuestras desgracias.

Desviar demagógicamente la atención para seguir engañando al pueblo, tomando a las FF.AA. como "chivo expiatorio" y cortina de la falta de honradez e idoneidad de la clase política y gremial, es un acto incalificable. Demuestra la indignidad de quienes se atreven - en medio del sufrimiento de la población - a ensuciar a las FF.AA. y a la administración por ellos iniciada en 1976. Si algo refuta esas aviesas y fraudulentas acusaciones, es que ellas jamás llevaron al pueblo a estos limites de pobreza, desocupación y desamparo social.

Desde 1983 se inició en nuestro país un régimen que poco tuvo que ver con la democracia. Un régimen que gobernó solamente para defender las prebendas de los políticos y de los dirigentes gremiales, entablándose al mismo tiempo una feroz persecución judicial y mediática a nuestras FF.AA y de Seguridad por haber derrotado al terrorismo militarmente.

Esos mismos partidos políticos que hoy nos han llevado a esta situación límite con la guerra civil, fueron los que en 1973 nos llevaron a otra guerra contra las instituciones, declarada por la guerrilla asesina. Esos mismos terroristas que en 1983 se encaramaron en los partidos políticos y llegaron a ser legisladores, jueces, gobernadores, funcionarios de alto rango.

Querer enfrentar al pueblo con sus FF.AA., en medio de una política que aspira a una concertación nacional, muestra con todo rigor que el peronismo ha querido utilizar otra vez a la Iglesia Católica para seguirle mintiendo al pueblo, ya que nunca se arrepintió de su participación en el terrorismo y tampoco se arrepintió de haber saqueado al país, hasta dejar en la indigencia y en la desocupación a los argentinos. Y como si eso fuera poco, pretende ahora confiscar las jubilaciones, sueldos del Estado, y los dineros de los ahorristas que confiaron en el país.

No es así como se logrará la concertación, por más que quieran utilizar lo más sagrado de nuestra tradición: la fe católica.

Lo saluda

Eduardo Palacios Molina

Treinta y tres Orientales 736 (1643 Beccar) Argentina

[email protected]

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Política argentina – Opiniones

Diario ´RIO NEGRO´ - 20 de enero del 2002

"Sería inconcebible que un gobierno lograra el apoyo ciudadano proclamándose en favor del atraso y el caos administrativo"

Partes del Editorial: "El mismo rumbo"

Luego de la caída de Fernando de la Rúa y su reemplazo, después de una batalla interna peronista nada edificante, por Eduardo Duhalde, tanto el presidente designado como el grueso de la clase política nacional celebraron el fin del "modelo neoliberal" y el renacer de otro supuestamente menos antipático.

Con cierto triunfalismo, hablaron de un "giro de 180 grados" y de un "rumbo" nuevo que, dieron a entender, llevaría al país hacia un destino dirigista, estatista y proteccionista que en su opinión le convendría mucho más.

Sin embargo, en el tiempo escaso que ha transcurrido se ha desdibujado el proyecto. Por cierto, sería imposible concebir lo que sucedería si trataran de erigirse en gerentes nacionales los personajes que se ofrecerían para desempeñar dicha tarea.

Mucho ha sucedido desde el colapso De la Rúa: la convertibilidad ha muerto, el peso ha sido desdoblado, el "corralito", esporádicamente modificado por las autoridades, amenaza con ser una característica permanente del panorama local, un representante de la UIA -un lobby conformado mayormente por ex empresarios bonaerenses que ni siquiera procuraron ser competitivos-, se ha adueñado de un ministerio propio, la recesión se ha profundizado y el espectro de la inflación ha reaparecido.

Como ya habrán comenzado a entender los integrantes más inteligentes del gobierno duhaldista, las "alternativas" frente al país dependen menos de la inventiva de sus gobernantes que de los límites fijados por la realidad.

Por cierto, sería muy difícil que un gobierno relativamente representativo optara por un "rumbo" hacia otro destino que no fuera la transformación de la Argentina en un país moderno , integrado al sistema económico internacional, dotado de una administración pública eficiente, que disfrutara de seguridad jurídica y en el que la corrupción no fuera una presencia desmoralizadora ubicua.

Puede que a raíz de los desastres que hemos experimentado y las ambiciones inconfesables de muchos individuos el país termine apartándose de dicho "rumbo", pero sería inconcebible que un gobierno lograra merecer el apoyo ciudadano proclamándose en favor del atraso, el aislamiento, el caos administrativo, leyes arbitrarias y la corrupción.

En cuanto a lo que dicen querer los habituados a afirmarse contrarios al "rumbo" y el "modelo neoliberal" por estar comprometidos con la justicia social y la construcción de instituciones capaces de brindar ayuda a los más necesitados, aluden a logros que no pueden encontrarse en ningún lugar, salvo en los países avanzados que a su modo encarnan el "modelo" que ellos juran odiar.

En otros países, como Cuba, Corea del Norte y China, tales "conquistas" no se ven fuera de los discursos oficiales y la imaginación febril de sus partidarios.

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Política argentina – Opiniones

´La Voz del Interior´ - 20 de enero del 2002

"Una sociedad harta"

por Joaquín Morales Solá

... Vamos a tratar de ser objetivos y de ver las culpas tal como son, porque no es sólo decir que estamos como estamos porque teníamos un presidente autista. Ningún país llega al fondo del pozo nada más porque un presidente sea un poco autista. Es absurdo pensarlo.

El gobierno de Fernando de la Rúa asume en 1999 con una enorme deuda externa y con un enorme déficit fiscal producto de que el gobierno de Carlos Menem había contraído muchas más deudas de las que podía pagar, lo que había provocado un déficit en las cuentas del Estado muy grande al endeudar al país en recesión.

De la Rúa, cree que la economía se podía seguir manejando con los mismos parámetros que Menem. Pero habían cambiado dos cosas fundamentales. En primer lugar, el mundo entraba en recesión, con lo cual las grandes operaciones de salvación de países se agotaban. Además, había cambiado el gobierno de Estados Unidos y, como nunca, había entrado allí una política absolutamente contraria a la que se acababa de ir.

Esto no fue percibido por el gobierno de De la Rúa. Así, se consiguió sobrevivir, flotar, durante un año.

Y Cavallo llegó en marzo del año pasado, cuando ya subsistían dos problemas. Primero, se había producido una crisis política importantísima en el país con la renuncia del vicepresidente Chacho Alvarez; y el Presidente tendía a aislarse de su propio partido.

Así, teníamos una convergencia de dos personas que podían mantener la convertibilidad y tratar de evitar la declaratoria oficial de default. Estos fueron los dos únicos ejes de la política del Estado argentino desde marzo hasta diciembre. Tratar de salvar la convertibilidad, por un lado; y tratar de evitar la declaratoria formal de default. Esto es lo que terminó con el gobierno de De la Rúa.

Respeto la autoridad de alguien que es previsible. Pero desgraciadamente en esta segunda etapa, Cavallo – y no desconozco lo mucho que hizo en su primera etapa a principios de los ’90 – se convirtió en un hombre imprevisible, donde todos los días modificaba las decisiones que había tomado el día anterior.

Así se llegó al 1º de diciembre. Es decir, con una crisis política de soledad y de aislamiento del gobierno; con una crisis económica y con un problema de hartazgo en la sociedad.

El presidente De la Rúa debió percatarse que su responsabilidad era doble porque el peronismo tenía una pésima situación interna. Aún hoy no se ha resuelto esa situación. Cuando hoy se pone en duda si Duhalde se queda o se va, estamos hablando de la interna del peronismo; y cuando este país debió soportar – y ojalá la historia se olvide – esa semana a Rodríguez Saá, era la expresión de la interna irresuelta del peronismo.

Por eso creo que De la Rúa tenía doble responsabilidad: no sólo resolver los problemas de la sociedad, sino también evitarle a la Argentina caer en los enredos de la interna del peronismo.

Vamos a analizar lo que pasó tras la renuncia de De la Rúa. Lo más limpio, lo más institucional, hubiera sido que el vicepresidente virtual de la Nación, que era el presidente del Senado, Ramón Puerta – un peronista – se hiciera cargo de los años que le faltaban de mandato a De la Rúa.

El peronismo, en cambio, entró en un gran debate – con lealtades y traiciones – sobre si debía cumplir los dos años o debía llamar a elecciones. Cuando la mayoría de los gobernadores provinciales, entre ellos el de Córdoba, José Manuel De la Sota, imponen que se vaya a elecciones, el peronismo se queda sin candidato. Porque tiene muchos candidatos para la elección, pero se queda sin candidatos para la transición, y cae Rodríguez Saá.

El puntano le deja al país un herencia muy pesada esa semana: la declaratoria oficial de default. La Argentina no estaba pagando, estaba en default de hecho: "Yo hago como que te pago y vos hacés como que te pago, pero en realidad no te estoy pagando". Eso es algo que salvaba al país de los mecanismo que automáticamente entran en marcha cuando se produce la declaratoria oficial de default.

El presente

Ahora estamos en una situación en la que nos dimos cuenta de ni la devaluación ni el default eran decisiones fáciles. Estamos aislados del mundo. Y no sabemos si la devaluación que tanto pedía el mundo, el FMI y sectores locales, provocará inflación o la estampida del dólar, porque se la hizo en el peor momento.

Además, tenemos el segundo "corralito" que ha paralizado a la economía del país, ha colapsado el Estado.

Ustedes me preguntarán cómo estamos hoy. Creo que el gobierno de Duhalde –y debo confesar que nunca sentí simpatía por Duhalde– es la fórmula política más sólida que puede dar hoy la Argentina.

Si bien la solidez parlamentaria le da a Duhalde más espaldas para aguantar los "cacerolazos", el problema es una sociedad con un hartazgo que no hemos visto ninguno de los argentinos que estamos vivos.

La otra pregunta que nos hacemos es si Duhalde llega al 2003. Ni el propio Duhalde tiene la respuesta en esta Argentina que obliga a sus gobiernos, sobre todo en los últimos dos meses, permanentemente, a tomar decisiones que afectan a vastos sectores sociales.

Y no nos quedemos con que esa gente que sale con las cacerolas lo hace porque tiene los depósitos. Porque hay que ver la conformación de los depósitos, donde hay muchas indemnizaciones de los que perdieron el trabajo y pusieron esa plata a plazo fijo.

Por eso, en la medida que se profundizan las restricciones financieras, aumenta el fastidio de la gente. Estamos ante una sociedad cada vez más golpeada y con gobiernos obligados a hacerlo, que ajustan el corralito porque de otra manera se le caen los bancos. En este momento el Gobierno está pensando qué hace: deja caer algunos bancos o ata de pies y manos a toda la sociedad argentina para que todos los bancos se salven.

Creo que la Argentina no sale sola de esto. Estamos ante la cesación de pagos más grande que se haya registrado en nuestro país. A su vez, estamos en una posición en el mundo que es una contradicción porque por un lado es una zona pacífica en un mundo en guerra; pero por el otro, nuestro país ha sido un referente en Latinoamérica en general. Entonces, cualquier experiencia de desestabilización de las instituciones o de un salto hacia experiencias populistas o autoritarias, podrían marcar un rumbo en América latina.

Si la Argentina se comporta mínimamente como un país serio, con un plan económico, un presupuesto razonable, un programa de renegociación de la deuda externa, creo que una ayuda internacional muy importante en miles de millones de dólares puede llegar al país rápidamente. Esto es importante para que el Gobierno argentino no tenga que estar tan frágil. La Argentina necesita que el mundo la ayude para poder salir.

Si lograra mover el dedo chico del pie de la economía este año, creo que podemos pensar que vamos razonablemente a una solución política, a una elección en el 2003 donde se puede elegir serenamente entre fórmulas sensatas de la política.

Este es un camino optimista. En el medio, todos los días hay decisiones que pueden significar el fin del Gobierno, o una nueva escalada de agitación social cada vez más peligrosa.

Cuando vi los saqueos, no los cacerolazos, porque fueron pacíficos, el 19 y 20 de diciembre y vi a muchos dueños de negocios que disparaban sobre los saqueadores, pensé que estábamos al borde de una guerra civil.

Felizmente, eso se detuvo, pero ese presente está muy cercano y fue muy violento. El 20 de diciembre cuando caía la noche se saqueaban casas particulares de barrios pobres. Era la lucha de pobres contra pobres. Hemos tocado muy cerca el fantasma de la guerra civil para que nos demos el lujo de hacer una apuesta al enfrentamiento social.

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Política argentina – Opiniones

¨LOS ANDES¨ - Mendoza - 20 de enero del 2002

Partes del Editorial : "Sin margen para dudas e improvisaciones"

...Bien distinto es el escenario que presenta nuestro país. Carece de recursos genuinos para reactivar su economía; su aparato productivo está destruido tras cuatro años de recesión; su sistema bancario ha sido desnacionalizado; su presencia en los mercados internacionales quedó reducida a expresiones mínimas; su clase dirigente se demostró muy por debajo de las dramáticas exigencias de esta hora crítica, entregándose una vez más, en medio del colapso, a la puja corporativa, que parece ser lo único que aprendió y jamás olvida; la desesperanza y la incertidumbre, el hartazgo y la ira hermanan cada vez más a millones de ciudadanos.

No sólo la política interna ingresó en una crisis terminal de representatividad y participación, sino que en el orden internacional padecemos una agravante debilidad. Por ello, sobreabundan en estos días las presiones externas, y desde George Bush a José María Aznar tratan de salvar los muebles de sus corporaciones del incendio argentino. Bush llega a reclamarnos fidelidad inquebrantable al libre comercio, y olvida o ignora que en 1930 Estados Unidos instauró el mayor proteccionismo en la historia económica de su país.....

Frente a este cúmulo de adversidades, crecen la desorientación y el temor; las marchas y contramarchas; los mezquinos intereses políticos y las pujas corporativas y las onerosas indefiniciones y medidas que se superponen o se neutralizan entre sí. La crisis es unívoca, pero los frentes de ataque contra ella están dispersos. Falta la unidad en la acción liderada por el Estado, esa que permitió a Roosevelt relanzar a los Estados Unidos en menos de dos años.

El reducido margen de maniobra de que dispone el Gobierno –harto visible en sus cotidianos esfuerzos por desmontar el "corralito"– le deja como recurso extremo la convocatoria a un acuerdo nacional bajo el patrocinio de la Iglesia, lo que es correcto, pues no hay sector capaz de rescatar por sí solo a la Nación de su crisis.

Pero sería lamentable incurrir en la vieja manía nacional de asignar virtudes mágicas a acuerdos y pactos, cuyas partes firmantes comienzan a incumplir apenas firmados. El Pacto de la Moncloa, que tanto deslumbra a los argentinos, no tiene secretos: su éxito se basó en la renuncia a intereses sectoriales y el estricto cumplimiento de lo acordado. Lo mismo aconteció en Holanda, Irlanda e Italia, cuyos pactos redujeron drásticamente el desempleo, la inflación y los desequilibrios fiscales.

Para acordar, es necesario exhibir unidad de criterio, coherencia en la acción e inquebrantable determinación de imponer los intereses de la Nación por sobre los intereses sectoriales. Hasta ahora, sólo se percibe una batería de declaraciones que intentan disminuir o desviar responsabilidades. No es éste el mejor clima para alcanzar acuerdos trascendentales. Ni un gobierno enmarañado en marchas y contramarchas es el mejor convocante para ellos.

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