PRENSA INDEPENDIENTE

 

 

La Nación´ - 10 de febrero de 2002 - La semana política I

 

"En busca de los valores olvidados"

por Mariano Grondona

 

.......Si no existiera esta segunda línea de lo que aprendemos cuando nos va mal y lo que desaprendemos cuando nos va bien, la trayectoria de los hombres y los pueblos sería irreversible: a los que les va mal les iría siempre peor y a los que les va bien les iría siempre mejor. Pero la historia nos enseña lo contrario: que las naciones y las personas decaen de sus apogeos y renacen de sus decadencias. Los hombres son reversibles. También, los argentinos.

 

Durante los años noventa, nos iba bien. Ahuyentado el fantasma de la inflación, crecíamos a un promedio del seis por ciento anual. Con ese ritmo, todos los sueños parecían a la mano. En la línea de lo invisible, sin embargo, estábamos desaprendiendo. Alentados por el triunfalismo, ignoramos graves señales como la desocupación, la corrupción, el aumento del gasto público y el endeudamiento.

 

En 1995, reelegimos a Menem por amplia mayoría. Después de 1995, hasta el desempleo empezó a bajar. En la eufórica Argentina de los noventa, todo parecía posible.

 

Pero el desaprendizaje de esos años mentirosos empezó a manifestarse en 1998, con el comienzo de la recesión. A partir de ahí, la Argentina visible rodó hasta el precipicio del desastre en el que hoy nos hallamos.

 

Durante la Argentina del pleno empleo que vivió por décadas y que empezó a morir en los noventa, la manifestación preferida por los obreros era la huelga. Hoy, los piqueteros cortan las rutas pero ya no para amagar el abandono del trabajo sino para reclamarlo.

 

Los piqueteros no amenazan con no trabajar. Al contrario: se desesperan por trabajar. Aquellos que tienen la fortuna de un empleo, mientras tanto, trabajan cada día más por una paga cada día menor porque temen perder lo que perdieron los piqueteros. Y es así como los argentinos vamos sustituyendo una cultura de la huelga y de la holganza (de "mañana es San Perón" al estanciero en París) por una ética del trabajo.

 

La libertad económica, la propiedad privada, el trabajo productivo, la justicia independiente, son valores que, porque los hemos perdido, estamos apreciando.

 

Nuestra crisis de valores se expresa cotidianamente.

 

Quizás el comisario Santos actuó mal el 20 de diciembre, cuando murieron seis ciudadanos en la Plaza de Mayo. Si lo hizo, merecerá su castigo. De todos modos impresiona que no se investigue con el mismo celo a los que querían tomar la Casa Rosada, a los que saquearon, incendiaron y mataron en esa aciaga jornada en la que no murieron 6 sino 29 ciudadanos. Décadas de propaganda antimilitar y antipolicial, ¿nos han llevado a privilegiar ideológicamente a los subversivos y a los delincuentes? ¿Puede fundarse el orden republicano en este tipo de preferencias?

 

Si debemos exigirles a las fuerzas del orden que respeten escrupulosamente las reglas que presiden su acción, ¿vamos a discriminarlas además frente a los violadores de la ley hasta que cunda la anarquía? En un clima como éste, ¿qué policía se animará a contener a los depredadores cuando lo llamemos desesperadamente para que nos proteja, si sabe de antemano que será él y no ellos el acusado?

 

El jueves último salió en la tapa de ´La Nación´ el cabo primero Héctor Rodríguez. ¿Cuál había sido su hazaña? Devolver 7000 pesos que había encontrado. ¿Adónde hemos caído para que el simple cumplimiento del deber necesite ser exaltado como un acto de heroísmo? Si devolver un dinero ajeno llama hasta este punto la atención, ¿será porque suponemos que lo normal es lo contrario?

 

Gracias a nuestras penurias, ¿estaremos los argentinos rescatando la vigencia de los valores que habíamos olvidado?