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Indice de la fecha
1 - "Éxodo o renacimiento", por Abel Posse.
2 - Presidente Batlle - Más opiniones desde distintos ángulos I: "Insulto".
3 - Presidente Batlle - Más opiniones desde distintos ángulos II: "Las conflictivas expresiones de Batlle".
4 - Presidente Batlle - Más opiniones desde distintos ángulos III: "Cuando periodismo y política juegan al límite".
5 - Presidente Batlle - Más opiniones desde distintos ángulos IV: "Los modales de Batlle escondieron la realidad".
6 - Presidente Batlle - Más opiniones desde distintos ángulos V: "Batlle furioso".
7 - "De nuestra memoria ....."
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1 - La Nación - 5 de junio del 2002
"Éxodo o renacimiento"
por Abel Posse
"La Patria, amigos, es un acto perpetuo
Como el perpetuo mundo.
Nadie es la Patria, pero todos la somos."
Jorge Luis Borges
HEMOS alcanzado el punto límite de nuestra enfermedad. Es difícil situar las causas y el momento en que se quebró nuestra voluntad de ser, nuestro sentido de pasión y de realidad para defender y amar nuestra propiedad, esta casa de todos, que es la patria.
Nos falta amor y entrega para responder a la tradición de grandeza legada por los fundadores. Como si repentinamente nos hubiésemos desmoronado de nuestro saludable orgullo y nos conformásemos con disolvernos en el tiempo, como dejando de la Argentina el recuerdo de una alta llamarada que durase un solo siglo, 1890-1990.
Espíritu malsano
Somos un país enfermo. Nos hemos desahogado contra los políticos, contra los bancos, contra la Corte Suprema. Es inútil. Nos falta esa reflexión que exige volvernos hacia nosotros mismos. Esta es la asignatura pendiente: comprender que hemos parido nosotros todos los ídolos que tratamos de vituperar y encarcelar. El cacerolazo es el ruido innoble de nuestro espíritu malsano.
Necesitamos iniciar el éxodo de todos los espacios corrompidos: la politiquería, la economía de dependencia, la dolarización, el insulto fácil, la venganza enardecida contra todo lo que hemos creado y apoyado durante el largo economicismo que nos llevó a la actual ruina, la obstinación en errores que no queremos aceptar, la vergonzosa docilidad ante fuerzas internacionales que sólo ven en la Argentina su negocio o su espacio geopolítico. Este éxodo imprescindible sería diferente del bíblico: Moisés y los hebreos salieron de Egipto en busca de su propia tierra y penaron cuarenta años en el desierto. Nosotros tenemos que salir del desierto de ideas descompuestas y de la caída moral, para reunirnos con esa patria que habitamos como invitados, como extranjeros, sin sentimiento de apropiación, sin pasión, sin fidelidad, sin gratitud. Hemos negado con nuestra anomia y falta de amor la tierra prometida. No supimos defenderla y ahora arriesgamos la disolución nacional. Perdimos el sentido de la lealtad a la realidad de esta patria que, perversamente, hemos descuidado como algo prescindible o ajeno.
El éxodo significa salir del nihilismo hacia el entusiasmo creativo y la afirmación. Ojalá no nos cueste cuarenta años de desierto.
Tenemos que saber definitivamente que sólo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Estamos viviendo una crisis de naturaleza excepcional, una enfermedad sin diagnóstico. Imaginemos Alemania, Italia, Japón o Francia en 1945. Tal vez nosotros, los argentinos, tengamos también la fibra necesaria para transformar la crisis y el desbarrancamiento moral en fuerza de recreación, de renacimiento.
Debemos transformar esta tristeza invadente, esta desesperanza de hoy, en aventura y energía creadora. Nuestras ruinas, a diferencia de las de aquellos países, son espirituales. Se nos acabó la gana. Tenemos que saltar y no nos animamos aunque las llamas ya nos quemen.
Sólo nosotros podemos salvarnos y la voluntad que necesitamos no pasa por los montos del Fondo Monetario Internacional ni por los remiendos de un sistema economicista ilusorio para proteger a tres millones de satisfechos y condenar a los dieciséis millones de pobres, marginados y perplejos a un subdesarrollo vergonzoso en una sociedad con tradición de prosperidad y ambición de dignidad.
El ciclo mercantilista se cerró con una estrepitosa quiebra de realidades e ilusiones. Tenemos que reconstruir una economía de acuerdo con las exigencias y situación internacionales, salvar los negocios en marcha y, al mismo tiempo, desarrollar al máximo la economía de solidaridad, subsistencia y recuperación productiva. Son dos grandes tareas ineludibles. Una doble movilización en el difícil camino de este gobierno al que no sabemos alentar ni apoyar debidamente.
Porque tenemos que afirmar nuestra fragilísima democracia de convergencias, sin agregar irracionalismo político al desastre económico.
Hay quienes desde Buenos Aires no comprenden que un ciclo economicista parejo, de doce años, terminó en estrepitosa quiebra de resonancia mundial.
Es hora de reconstruir, de reconstruirnos, con cautela, con mutuo respeto. Estrechando filas. Iniciemos el éxodo hacia esa Argentina intacta en su capacidad humana, en su voluntad de vivir. Sus fábricas paradas esperan el arranque (es potencia instalada con la mejor tecnología). Nuestros campos nos dieron la cosecha histórica en estos meses de cartoneros fantasmales y de saqueos.
Se impone restablecer el poder del Estado. Hay que quebrar el anticonstitucional decisionismo de las provincias en las cuestiones de la Nación. Se impone restituir el respeto entre los ciudadanos y hacia los funcionarios. La primera función del Estado es el orden público. Hay que restablecer el lugar de las Fuerzas Armadas como instrumento de defensa y de estrategia continental, y el enérgico desempeño de las fuerzas de seguridad ante la delincuencia y la anarquía cada vez más violenta e infértil.
Alegría de vivir
Sin poder, sin mucho poder del Estado, la Argentina no podría alcanzar esa sustentabilidad en sus planes que reclaman tanto sus acreedores como la desesperada ciudadanía. El Estado es el lugar del poder nacional. Sin Estado, la voluntad del pueblo y su democracia carecen del instrumento imprescindible para imponer los objetivos deseados.
Hoy la Argentina tiene un Estado demolido, incapaz de sostener la razón de esos policías que mueren para defendernos. Una filosofía de enanos "garantistas" terminó por crear una sociedad invivible (desde el country hasta la villa de cartón).
Estrechemos filas en torno a la familia, al padre desocupado, al hermano a la deriva, al amigo perplejo que ya se cree sin futuro. Fabriquemos serenamente el futuro y la alegría de vivir como aquellos países que tuvieron que alzarse desde millones de muertos y destrucciones sin parangón. Está en nosotros evitar los lugares comunes del odio como descarga. Está en cada uno de nosotros madurar para la conducta que exige la reconstrucción: disciplinarnos, buscar y expresar sólo lo positivo y útil. Y amor a la patria, que empieza por el amor en la familia, a nuestros amigos, y en la voluntad callada de crear con nuestro trabajo la legión del inexorable renacimiento argentino.
La Argentina nos dio todo y no merece nuestra flojera. No podemos ser la generación del gran fracaso.
Debemos reconstruir y habilitar las doctrinas de nuestros partidos históricos y suspender el juego deletéreo de quienes no comprenden que un ciclo terminó en quiebra.
Más allá de los indignos regateos con el FMI o de la indiferencia de las naciones ricas, debemos saber que estamos solos y necesitamos sentir el aire fresco del solitario que emprende su patriada. Pero contamos con los hermanos del continente. Con poder, podremos crear moneda, sea con Mercosur o por nuestra cuenta y riesgo hasta poner en marcha esta congelada maquinaria productiva argentina.
La Argentina nos llama a vivir, a saltar de la queja y de la desesperación blanda. Y vivir es un acto poético, de decisión, de afirmación religiosa, de amor. Es la decisión de no dejarse robar la patria ni dejar que se ahogue. En ella nacimos. Es la riqueza de todos, el único ámbito para nuestra existencia y nuestro futuro. Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso.
El autor es novelista. Hoy embajador argentino en España.
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2 - Presidente Batlle – Más opiniones desde distintos ángulos - I
La Nueva Provincia - Bahía Blanca • República Argentina - 5 de Junio de 2002
Editorial:
"Insulto"
Hasta ayer, no se sabía de algún jefe de Estado que hubiera injuriado al pueblo de otra nación. No a su gobierno, o a su régimen institucional, sino a todos sus nacionales. Ni en tiempo de guerra, las manifestaciones despectivas estuvieron nunca destinadas a la nacionalidad del enemigo. Ningún gobernante cayó en grosería de esta ralea, sin duda para no rebajarse él mismo ni rebajar al país en nombre del cual la profirió.
Esto es lo que ha osado el presidente del Uruguay, Jorge Batlle, al decir de los argentinos que "son una manga de ladrones, desde el primero hasta el último". Y, ante ello, la reacción de nuestro gobierno fue débil por demás, en un primer momento.
No había, sin embargo, motivos para dudar sobre la réplica inmediata. Por ofensas muy menores, el procedimiento está fijado por la costumbre internacional. Se pide la ratificación o rectificación de los dichos atribuidos al gobierno de la otra parte, se llama en consulta al embajador propio, se cita al extranjero y se le exigen excusas inmediatas.
Con este ritual se ha cumplido, tal vez, sigilosamente, pero no en forma pública y abierta como lo fue la ofensa. El presidente Batlle salió a dar explicaciones confusas y, en parte, falsas, sobre pormenores de su entrevista periodística. Pero no presentó sus excusas formales al gobierno y al pueblo al que intentó agraviar. No explicaciones más o menos bien compuestas sobre sus buenos sentimientos hacia la Argentina, sino el ruego de que le sean disculpadas sus insolencias.
Este vino después, con su viaje a Olivos, y el pedido de perdón al presidente Duhalde y al pueblo argentino. Pero, seguramente, explicaciones de otro tipo y más completas le serán exigidas a Batlle por sus compatriotas, en razón del papelón que ha hecho pasar a su país.
En cuanto a la generalidad de nuestros políticos y presuntos comunicadores sociales
, mejor hubieran hecho en dejarse llevar por el sentimiento natural y legítimo del patriotismo herido. El análisis desapasionado acerca de lo dicho no es respuesta decorosa, sino risible, ante un insulto soez.
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3 - Presidente Batlle – Más opiniones desde distintos ángulos - II
La Nación - 5 de junio de 2002
Editorial I:
"Las conflictivas expresiones de Batlle"
LAS expresiones vertidas por el presidente Jorge Batlle ante periodistas del canal norteamericano Bloomberg TV, insólitamente ofensivas y descalificatorias hacia la sociedad argentina en su conjunto, deben ser analizadas en tres niveles diferentes.
En primer término, corresponde examinarlas en un contexto político-diplomático. En ese plano, no puede negarse que resultaron absolutamente inusitadas y contrarias a las normas de protocolo que han imperado tradicionalmente en la relación entre naciones y más aún entre dos repúblicas que se sienten unidas por entrañables lazos de vecindad y por un común origen histórico. Dadas las explicaciones proporcionadas públicamente por el primer mandatario uruguayo y teniendo en cuenta que viajó expresamente a nuestro país para presentar sus disculpas con palabras y gestos fuertemente emotivos al presidente Eduardo Duhalde y a los argentinos en general no cabe duda de que corresponde, a estas alturas, dar por superado el incidente.
Un segundo nivel de análisis de este ingrato episodio es el que puede intentarse avanzando sobre el contenido mismo de las expresiones del doctor Batlle, aun aceptando que no tuvieron el carácter de una declaración presidencial sino que fueron vertidas en una conversación informal que no estaba destinada a salir al aire. En este segundo plano de consideración, cabe lamentar la sorprendente simpleza de las opiniones del presidente uruguayo, su ingenuo reduccionismo. Lo que surge de su diálogo con los periodistas de la cadena norteamericana es una carencia de matices casi pueril, pues de ningún país del mundo se puede tener una visión que unilateralice a todos sus habitantes en un único concepto moral. Ya no en el plano diplomático, sino en el nivel de adultez que corresponde exigirle a un observador calificado de la realidad social - como lo es, sin duda, el presidente Batlle -, la generalización en que incurrió respecto de la población argentina resulta incomprensible no por lo que pueda tener de ofensivo sino por la falta de una mínima elaboración intelectual en el juicio que formuló. Sólo el estado extremo de ofuscación en que se encontraba puede explicar que haya apelado a simplificaciones tan abusivas para describir la crisis que vive la Argentina.
Hay todavía un tercer nivel de análisis de lo ocurrido en esta desafortunada entrevista al presidente uruguayo y es el que tiene que ver con cierta tendencia de sectores del periodismo actual a propiciar el escándalo a cualquier precio, a suscitar engaños y equívocos con el fin de provocar una situación irritativa, que satisfaga los instintos primarios de determinadas audiencias masivas. En reiteradas oportunidades hemos dicho que los hombres de prensa están obligados, como todos los sectores de la sociedad, a examinarse a sí mismos con sincero espíritu de autocrítica y a reflexionar sobre los errores que puedan haber cometido. Ese autoexamen de conciencia debe alcanzar por igual a quienes realizan entrevistas micrófono en mano como a quienes las someten más tarde a trabajos de edición no siempre responsables. Obviamente, como también lo hemos dicho, tampoco la prensa escrita escapa a esa responsabilidad.
En suma, la enojosa cuestión merece ser clausurada en el plano diplomático, pero la oportunidad debe servir para reflexionar sobre los comportamientos equivocados que la provocaron.
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4 - Presidente Batlle – Más opiniones desde distintos ángulos - III
Clarín - 5 de junio del 2002
Incidente diplomático: el episodio Batlle renueva un debate propio del oficio de periodista
"Cuando periodismo y política juegan al límite"
Enojo en la Casa Rosada. Dos países y una historia en común
por Walter Curia.
Hay múltiples miradas posibles sobre las declaraciones del presidente Jorge Batlle. Muchas están directamente vinculadas al oficio del periodista y al de político.
Los políticos argentinos no son demasiado diferentes de los uruguayos, los franceses o los norteamericanos. Lo son sólo en la medida en que los argentinos somos diferentes de todos aquellos. Mal que nos pese, es bastante acertada la idea cada vez más difundida de que los políticos argentinos nunca antes han sido tan auténticos representantes de nuestra sociedad.
En general, los políticos no dicen la verdad en ningún lugar del mundo. Suelen hacer una lectura parcial e interesada de los asuntos cualesquiera; se trata nada menos que de alcanzar o conservar el poder.
Richard Nixon mintió en Watergate; Bill Clinton mintió ante la Justicia en el llamado sexgate. Alfonsín mintió en Semana Santa y acaba de decir - en un reportaje radial - que muchas veces los políticos no tienen más remedio que mentir.
Pero también los políticos a veces dicen off the record, en privado, lo que piensan sobre ciertas cosas. Lo que no equivale necesariamente a decir la verdad.
Desde ese ángulo, lo que sorprende de la cuestión Batlle es, en primer lugar, la ligereza con que un presidente se refirió a un país extranjero amigo frente a un medio de un tercer país.
Y luego, la decisión del periodista y de ese medio de violar una de las normas que sostiene esta profesión, como es el acuerdo de confidencialidad.
La decisión de Bloomberg, por encima de la que haya tomado el periodista, renueva el debate sobre el ejercicio del periodismo encubierto, como el que se puede ver a diario en televisión con el uso de las cámaras ocultas.
Es muy visible en los videos que el comportamiento de Batlle cuando habla de la Argentina no es el de un hombre frente a una cámara. Lo que por cierto no lo exculpa de los agravios.
En todo caso, la violación de la confidencialidad, una especie de "secreto profesional" de este oficio, es tan cuestionable como el uso indiscriminado que muchas veces se hace de ella.
Es como violar una luz roja: aunque se haga por un poquito, es una infracción.
Otro nivel de análisis de la cuestión Batlle tiene ya que ver con el contenido de sus declaraciones.
En la afiebrada búsqueda de explicaciones al fracaso como Nación, los argentinos asignamos desde siempre - el fracaso es algo anterior a esta crisis - un lugar de privilegio a la opinión de los otros.
Se ha dicho muchas veces que "lo que piensan" de la Argentina en el exterior es una preocupación que revela inseguridad e incluso manifiesta las dificultades que hubo históricamente en la formación de una identidad nacional. El episodio de Batlle sin embargo se sale un poco de este molde: ¿ese hombre que está echando espuma y cita a Luis Barrionuevo piensa como extranjero? ¿O piensa en realidad como argentino?
Batlle pareció ponerle a su mirada sobre Argentina la cuota de desmesura que nos es tan familiar cuando analizamos con sentido crítico los fenómenos nacionales. En la tradición megalómana, cualquiera sea el asunto, somos (éramos) los mejores; si no, el desafío será ser los peores.
Muy por encima de considerarlas un agravio, las declaraciones del presidente uruguayo, tan argentinas en su espíritu, han sido recibidas con gran comprensión en todas las encuestas del tipo Internet, aunque no sea éste más que un corte social, e incluso en la que publica hoy Clarín. Y es que infligen el tipo de dolor que se haría uno mismo.
Sin embargo, la idea de Batlle de que los argentinos son "ladrones del primero al último", se la entienda o no literalmente, es de un rigor escaso y su contenido está en la línea del "que se vayan todos". La particular búsqueda argentina del imposible por la vía del fracaso en nada está emparentada con la utopía.
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5 - Presidente Batlle – Más opiniones desde distintos ángulos - IV
La Nación – 6 de junio del 2002
Tras el inesperado conflicto con Uruguay
"Los modales de Batlle escondieron la realidad"
Violó las normas diplomáticas, aunque trazó un diagnóstico
por Joaquín Morales Solá
Parecía referirse a los políticos más que al argentino común
La violación del off the record
El mensaje es que la Argentina "habla un idioma que ya nadie habla en el mundo"
El presidente de Uruguay, Jorge Batlle, habló de la Argentina como un argentino. Ese fue su problema y ése es, también, su atenuante.
Batlle tiene el corazón repartido a ambos lados del Río de la Plata. Pero más allá de la evidente violación de las normas diplomáticas elementales, inadmisible en un jefe de Estado, sus palabras exaltadas no deberían archivarse rápidamente. Expresan, de algún modo, estados de ánimo y sensaciones que existen en la sociedad argentina y en el mundo.
La única arbitrariedad en que incurrió fue cuando expresó que "los argentinos son unos ladrones, del primero al último". Sin embargo, si se observa la grabación de sus declaraciones, podrá establecerse que era un político hablando de los políticos y no del argentino común.
La generalización es también injusta aun cuando se encierre sólo en la clase política; esa tendencia es, de todos modos, la misma que prevalece en vastos sectores de la sociedad argentina.
Un dato que surge también de la observación del video que registró sus declaraciones es que Batlle no estaba hablando en público cuando dijo lo que dijo. Esto es, fue sorprendido en su buena fe y grabado por la cámara cuando él creía que la grabación no existía. Sus movimientos y sus gestos son propios de un hombre que está conversando informalmente y no de un presidente que habla ante una cadena de televisión.
Ese instante en que la grabación se prepara o se termina es, para la televisión, lo que en el periodismo gráfico significa el "off the record", un código inviolable y casi sagrado de la profesión. El periodismo gráfico debe respetar el acuerdo de no revelar sus fuentes, como la televisión no debe difundir declaraciones grabadas a hurtadillas, salvo cuando se trata de la prueba de un delito.
El hecho de que la trasgresión haya sido cometida por una prestigiosa cadena de información norteamericana no hace más que agravar la circunstancia.
Lo cierto, de todos modos, es que Batlle piensa como piensa. Y ése es un dato irrefutable. ¿Piensa mal? ¿Está equivocado? Un promedio del 50 por ciento de los argentinos consultados, ya sea por Internet o por agencias de medición de opinión pública, está de acuerdo con las palabras del presidente uruguayo. Las mediciones pueden estar condicionadas por la rapidez, pero el promedio no deja de ser igualmente alto.
Su opinión sobre el presidente Eduardo Duhalde, a quien caracterizó como un político débil e intelectualmente inseguro, es compartida por los principales dirigentes del peronismo.
¿No fueron acaso los gobernadores de su partido los que le impusieron un programa de 14 puntos cuando vieron a Duhalde oscilar entre el populismo y la ortodoxia? ¿La caracterización de Batlle no coincide acaso con la que hacen del Presidente los propios gobernadores en sus conversaciones reservadas?
Sin embargo, hubo una frase de Batlle que pasó inadvertida entre diatribas más llamativas. Dijo que los políticos argentinos "hablan un idioma que ya nadie habla en el mundo". Nada describe mejor la crisis de fondo de la Argentina que esas pocas palabras.
El problema de la política argentina es que ha regresado, raudamente, a los debates propios de hace varias décadas. Más aún: el doble discurso de su dirigencia está apretando el cuello del país y llevando a la sociedad a discusiones inservibles.
Por ejemplo: ¿debe ser la Argentina un país capitalista y democrático? ¿Tiene que estar insertada en el mundo interdependiente o puede "vivir con lo propio", ajena a las corrientes internacionales, ufanándose de no pagar su monumental deuda pública y privada? ¿Puede dejar de negociar con el FMI tras haberle pedido préstamos por un valor infinitamente superior al que le correspondía?
Un ex presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, desplegó hace poco, en las páginas de La Nación, un consejo de amigo entrañable de la Argentina: le reclamó que mirara con sensatez y seriedad el manejo de sus cuentas públicas. Pero un ex presidente argentino, Raúl Alfonsín, le salió al cruce en el acto con argumentos muy antiguos. Sanguinetti prefirió no abrir una polémica ante lo irremediable.
Un sector importante del mundo occidental (de los Estados Unidos y de Europa) también coincide con Batlle, aunque no lo diga en fogosas declaraciones robadas subrepticiamente. Ese pensamiento podría sintetizarse de esta manera: la Argentina está gobernada - y ha sido gobernada - por una dirigencia con ideas enmohecidas y atravesada en gran medida por prácticas corruptas.
La palabra de Batlle tiene en ese mundo más peso que las escandalizadas reacciones de los políticos argentinos. Justa o injusta, la realidad sólo es como es.
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6 - Presidente Batlle – Más opiniones desde distintos ángulos - V
Diario Río Negro´ - Miércoles 5 de junio del 2002
"Batlle furioso"
Eliminados los agravios compadrescos, en las palabras de Batlle podría encontrarse un análisis útil de las causas de la crisis.
Que el presidente uruguayo Jorge Batlle se haya sentido sumamente molesto por el "contagio" de nuestra crisis, puede entenderse. Uruguay es un país pequeño, de economía poco eficaz, que depende en buena medida de la evolución de sus dos grandes vecinos, de suerte que gracias a la ineptitud de la dirigencia argentina ya se ha visto privado de miles de millones de dólares y corre el riesgo de verse arrastrado hacia un default. Para el Uruguay, el colapso argentino ha sido una catástrofe: según las cifras más recientes, más del 25% de la población ya se ha hundido en la pobreza.
Con todo, si bien hay atenuantes, los exabruptos que Batlle se permitió en el transcurso de una entrevista presuntamente "off the record" con representantes de la cadena norteamericana Bloomberg Televisión fueron a un tiempo imperdonables e insensatos: imperdonables, porque afirmar que "todos" los argentinos, "del primero al último", son ladrones, no es formular un comentario acaso "duro" sino insultar de manera casi racista; insensatos porque sus manifestaciones no habrán contribuido en absoluto a mejorar las perspectivas frente a su propio país. Asimismo, el intento de Batlle de excusarse criticando ferozmente a los periodistas de Bloomberg era infantil. Puesto que la política es una actividad de tiempo completo, no le es dado distinguir entre lo que dice como presidente y lo que dice a título personal, si bien la diferencia hipotética así supuesta le ha permitido amortiguar las repercusiones diplomáticas de sus palabras.
Sin embargo, en última instancia la "combustión instantánea", o sea, la propensión irresponsable a hablar sin pensar en las consecuencias, que Batlle se atribuye es un problema uruguayo. En cambio, el hecho innegable de que en América Latina y en el resto del planeta sean tantos los dirigentes que piensan como él debería obligarnos a reflexionar. Aunque pocos dirían que "todos los argentinos" son iguales, muchos comparten la opinión nada halagadora de Batlle sobre las cualidades éticas e intelectuales de nuestra clase política y las dotes de liderazgo del presidente Eduardo Duhalde. Huelga decir que no se trata de un mero prejuicio extranjero: la popularidad del eslogan "que se vayan todos" sirve para recordarnos que de haber sido Batlle un dirigente argentino, pocos se hubieran sentido demasiado heridos por sus declaraciones aun cuando no hubiera tomado la precaución de aclarar que entre los 37 millones de habitantes del país podría haber algunas personas honestas.
Eliminados los agravios compadrescos, en las palabras de Batlle podría encontrarse un análisis útil de las causas de la crisis. El mandatario uruguayo tiene razón al decir que aquí la corrupción ha alcanzado un "volumen" y una "magnitud" gigantescos.
También lo tiene cuando señala que los dirigentes "se la pasan hablando de quién es el culpable de no ayudarlos" y de no darse cuenta de que "el idioma que hablan no existe más en el mundo". Asimismo, es evidente que, como dice, Duhalde "no tiene fuerza política, no tiene respaldo, no sabe adónde va". Sin embargo, al agregar a tales comentarios algunos insultos burdos, Batlle se las ingenió para asegurar que pocos prestarían mucha atención a la parte más importante de su "mensaje" que, sin duda alguna, podrían repetir, en lenguaje decididamente más diplomático y en privado, los presidentes y primeros ministros de muchos otros países de América Latina y Europa.
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7 -
"De nuestra memoria ....."
El 6 de junio de 1973 - en el gobierno peronista de Cámpora, recién asumido – un grupo armado del ERP, atacó la sede del Comando Radioeléctrico de la localidad de Merlo en Buenos Aires, en el combate es gravemente herido el terrorista Luis Castrogiovanni.
Horas después muere dicho terrorista y es velado en la Facultad de Arquitectura de la UBA, la cual así le rindió honores al criminal y avaló un cruento ataque contra la democracia.
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¨Respublica¨
www.respublica.org.ar -- [email protected]
de Wenceslao Tejerina y María S. Azzi. ¨Fundación
Cívico Republicana¨
-- [email protected]
de Ricardo López Murphy. ¨Escuela
para la Libertad¨
-- [email protected]
de Simón Chatz. ¨Sobran
Políticos¨
-- [email protected]
de Jorge Dorado. ¨Dos
de Junio¨
-- [email protected] de Raúl Gándara y Raúl Hammar. ¨Taller
Sarmiento¨
-- [email protected] de
Ismael Allami. ¨Mayoría
Silenciosa¨
-- [email protected] de
Agustín Machado. ¨Para
Poder Elegir¨
-- [email protected]
de Santiago Delger. ¨Democracia
Directa¨ -- [email protected]
de Agustín Echebarne y Enrique Duhau.
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